Casar a la Reina Triste (1510).

La colección de hallazgos o serendipias de la Biblioteca Histórica de Salamanca nos ha regalado buenos momentos. De momento vamos por el sexto álbum y hemos recopilado todo tipo de materiales, desde tarjetas de visita, sellos, publicidad, dibujos, cartas… hasta dos preservativos del siglo XIX.

Recientemente se ha encontrado un documento exento del siglo XVI que nuestro “modernista de cabecera”, el profesor Baltasar Cuart, nos ha ayudado a desentrañar, alertándonos de que se trata de un episodio muy desconocido: la pretensión de Fernando el Católico de casar a su sobrina Juana de Aragón con Carlos III, duque de Saboya. Gracias al documento también somos testigos de los acuerdos económicos a los que llegaron ambas partes en Turín, de la aceptación de la princesa y de la renuncia a sus posibles derechos sobre tierras de Aragón, Nápoles o Sicilia.

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Juana había nacido en 1479 y casado en 1496 con su sobrino Fernando II de Nápoles. Unos meses después enviudó sin descendencia y, al igual que su madre, comenzó a firmar como “la reina triste”. Nuestro documento nos cuenta que en 1510 su tío Fernando el Católico consideró adecuado emparentar con la Casa de Saboya y comenzó los arreglos para su boda con el duque Carlos III (1486-1553). Pero algo debió torcerse, porque el matrimonio no se celebró. No obstante, las alianzas continuaron y el duque terminó casándose en 1520 con Beatriz de Portugal (1504-1538), nieta de los Reyes Católicos y hermana de Isabel de Portugal (1503-1539), esposa de otro nieto, el emperador Carlos I (1500-1558). Todo quedó en familia.

Transcripción del documento: 

La sustancia de lo que paresce debe contener la renunciación de la señora reyna, sobrina, es, inffecto, lo siguiente[1]:

Que atendido y considerado el matrimonio tratado y contraydo entre el muy illustre señor duque de Savoya y la sereníssima doña Juana, reyna de Sicilia, por el muy alto y cathólico señor rey don Fernando etc., han sido prometidos dar y pagar CC ducados de oro por dote y en dote a la dicha sereníssima reyna y al dicho illustre duque de Savoya, marido futuro suyo, pagaderos por su magestad en los términos y plazos, modo y forma en los capítulos sobre esto fechos y otorgados en el castillo de la ciudad de Torín a diez y ocho días del mes de otubre año del nascimiento de nuestro señor Jesuchristo de mil y quinientos y diez[2]. [Fueron] recividos y testificados por Unllier, secretario del dicho muy illustre duque de Savoya, y por Miguel Azuárez, notarios públicos, contenidos y expacificados. [Y] que con ellos la dicha Sereníssima Reyna, etc. se tiene por contenta y pagada de qualquier parte a ella pertenesciente o pertenecer podiente, e por qualquier derecho ossucesssión (sic), assí paternal como maternal, que de presente o por al delante le pertenezca o pertenescer pueda, o deva, y aun por razón de los derechos a ella pertenecientes o pertenecer podientes o devientes por qualesquier donaciones, contratos, testamentos, previllegios, escripturas públicas y privadas o destos actos qualesquiera a favor suyo fechos por el Sereníssimo S. Rey don Fernando segundo, primer marido suyo, el que solamente por qualquier parte paternal o maternal legítima o trebelliánica y otro qualquier derecho que de presente pudiesse demandar y alcançar o en adelante en qualquier tiempo o lugar assí, en y sobre la real persona del dicho muy alto y muy cathólico señor rey don Fernando etc. como en y sobre los reynos, tierras [y] provincias de su magestad, assí de Aragón como de Nápoles, Sicilia, provincias, tierras, villas, ciudades de aquellos y qualquiere dellos y dellas en general y, en especial, en qualquier manera con los dichos CC ducados de oro se tiene y reconosce esser contenta, y satisfecha, assí de su alteza como de los dichos sus reynos y tierras y de qualquiere dellos y dellas. Y con esto, certificada de todos sus derechos a ella pertenecientes etc., voluntariamente y no forçada ni seducida, renuncia a toda y qualquiera parte paternal y maternal a ella de presente y por qualquiere tiempo perteneciente.


  • [1] Al margen: Noticias de la reyna doña Juana de Nápoles hija de don de [borrón] nombre y de la Casa de Aragón
  • [2] 18/10/1510

El origen salmantino del Calendario Gregoriano

Retomamos esta publicación de 2018 para ponerla en conexión con una noticia de actualidad aparecida en El Pais (versión digital) el 29/03/2020

Un cambio que alteró la historia : el 4 de octubre de 1582 entró en vigor el calendario gregoriano, norma de control del tiempo civil y religioso de toda la cristiandad, sustituyendo al almanaque juliano creado por Julio César 46 años antes del nacimiento de Cristo que estaba desfasado respecto a las estaciones. Los españoles se acostaron un jueves, 4 de octubre de 1582, y se levantaron directamente el viernes, día 15

Calendario Gregoriano Salamanca
Calendario gregoriano

Pocos saben que profesores de la Universidad de Salamanca participaron en la historia de intrigas, papas, reyes y científicos que desató el cómputo del tiempo en el s. XVI. Una contribución oculta hasta hace pocos años, cuando la profesora de Historia Moderna Ana María Carabias sacó a la luz el libro «Salamanca y la medida del tiempo», donde se demuestra que quienes realmente fijaron las bases del actual calendario gregoriano fueron profesores del Estudio salmantino y no el italiano Luigi Lilio, como se creía hasta la fecha.

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Ana María Carabias Torres. Salamanca y la medida del tiempo. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2012. DESCARGAR PDF

Según ha explicado la autora, regía el calendario juliano, que ya contemplaba los años de 365 días y el ajuste con una jornada añadida cada cuatro ejercicios (año bisiesto), pero seguía habiendo un retraso que era digno de estudio. La Iglesia del momento estaba «preocupada» por no poder «domesticar» el tiempo y no tenerlo reglado de una manera más exacta. Entonces, en 1515, recibió un informe redactado en Salamanca en el que se apuntaba que los científicos firmantes no estaban de acuerdo con el sistema elegido.

La cúpula eclesiástica del momento hizo caso omiso a ese análisis, de ahí que actualmente se desconozca su paradero, pero continuó con su búsqueda para calibrar mejor el tiempo. De ahí que en 1578 la Universidad de Salamanca volviese a mandar un segundo informe en el que se incorporaba el primer documento remitido décadas antes.

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Facticio del siglo XVI, con el título colectivo de «Informes de la Universidad de Salamanca sobre la reforma del calendario de 1583». Ms. 97

El segundo documento de la Universidad de Salamanca, de 1578, se guarda en la Biblioteca Apostólica Vaticana y una copia autorizada en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, que se reproduce en el libro. Del primer legajo, el del 1515, se desconoce su paradero, «es el único que falta de los archivos secretos vaticanos», porque entonces no se le dio valor y pudo perderse entre aquellos expertos del momento que lo consultaron, ha aseverado la autora de «Salamanca y la medida del tiempo».

La propuesta de los expertos de la Universidad de Salamanca fue: como el año solar sobrepasaba poco más de 10 minutos y cuatro segundos al año eclesiástico, y puesto que las tablas alfonsíes ponían de manifiesto que el calendario juliano adelantaba 1 día cada 134 años, había que suprimir un día de cada mes durante un año cualquiera, menos de febrero o bien quitarle 11 días a un mes

De esta forma el equinoccio verdadero volvería al 21 de marzo. Además, se continuaría estableciendo una anulación de la intercalación del año bisiesto cada 304 años, así como la omisión de un día bisiesto cada 152 años. Este último cálculo es el más importante de las aportaciones que hicieron los profesores de Salamanca porque nunca nadie había propuesto una medida tan precisa.

En aquel momento, según ha explicado la historiadora Ana María Carabias, sí se tuvieron en cuenta esas apreciaciones y se impulsó el cambio en el calendario con la bula «Inter Gravissimas» del Papa Gregorio XIII, que dio paso al calendario gregoriano. Su Católica Majestad, Felipe II, lo impuso mediante una pragmática el 29 de septiembre de 1582 a aquel imperio suyo donde no se ponía el sol. Todos sus súbditos pasaron del 4 de octubre al 15 sin más fechas de por medio. ¿Por qué en ese momento del año? «Se buscó una época en que hubiera pocas celebraciones religiosas especiales. En octubre el calendario eclesiástico tenía menos fiestas y eran más fácil suprimirlas», ilustra la profesora Carabias Torres.

«Esa reforma de 1582 fue indiscutiblemente el inicio de la globalización mundial, al imponer una fecha y hora al mundo», y ese proceso que «se inició en Salamanca» sigue actualmente vigente», ha añadido la autora del texto.

Gregorio XIII
Gregorio XIII

Aunque el ajuste de fechas fuera tan brusco, no lo fue en absoluto la implantación casi global del calendario, que se demoró siglos. Primero, se fue extendiendo a todos los territorios gobernados por monarcas católicos. «En Francia, donde había libertad de religión desde Enrique IV, también los protestantes lo tenían que seguir, porque la decisión emanaba del Rey, católico», especifica Carabias.

Luego, también las naciones regidas por protestantes terminaron aceptándolo; la última, Inglaterra, ya en 1752. Por aquel entonces, el calendario juliano ya había acumulado un día más de retraso: los súbditos británicos, a un lado y otro del mar, se acostaron un 2 de septiembre y amanecieron un 14 del mismo mes. Aún más tarde llegó a Oriente (a Japón en 1873, a la China imperial en 1912). Y a Rusia, donde el desfase acumulado obligó a eliminar de golpe 13 fechas, en 1918. Turquía lo adoptó en 1927.

El calendario actual tampoco es perfecto, pero sigue en parte los criterios establecidos por la Universidad de Salamanca en 1515, pues la forma de eliminar los días de más es ligeramente diferente a la adoptada en 1578. Por eso se añade un segundo a un día cada cierto tiempo, para que relojes y calendarios se acompasen con la rotación de la Tierra que da la medida de los días, y estos a su vez con la traslación de la Tierra en torno al Sol, que mide los años.

Recursos sobre historia del libro, bibliotecas y cultura

No recordamos haber presentado a nuestros improbables lectores (como diría Manuel Rodríguez Rivero) los recursos que ofrece CRELEB (Centro de Ricerca Europeo Libro Editoria Biblioteca), de la Universidad Católica de Milán. El alma del centro es el profesor e investigador Edoardo Barbieri, editor además de la prestigiosa publicación periódica La bibliofilia: rivista di storia del libro e di bibliografía.

 Destacamos en primer lugar, porque tiene una periodicidad estable, la publicación Almanaco bibliografico: bolletino trimestrale di informaziones sulla storia del libro e delle bibliothece in Italia, donde se da cuenta de nuevas publicaciones, ya sean artículos como monografías, así como recursos de Internet o exposiciones, no solamente referidos a Italia, a pesar de lo que dice el título. Cada entrada lleva un pequeño comentario crítico que permite hacerse una idea del contenido y valor de la publicación. La iniciativa ofrece últimamente una ventaja: la edición acumulativa de todos los números precedentes. Además de los pdf descargables, existe una versión líquida para leer en la pantalla de ordenadores, tabletas, etc.

Merece la pena echar un vistazo a la colección Minima Bibliographica, con breves publicaciones sobre la cultura del libro, sobre las bibliotecas y sobre la bibliografía. Son textos originales o traducciones de otras lenguas. Entre estos últimos se pueden destacar el trabajo de Jean-François Gilmont, Una rivoluzione della lettura nel XVIII secolo?, el interesante estudio de Frans A. Janssen sobre los autores y la corrección de pruebas de sus obras L’autore vuol vedere le bozze!; o esta otra colaboración de nuestro Manuel José Pedraza Gracia, Inventari e biblioteche: una questione di metodo. Pero no todo es atención al pasado. El interesado puede encontrar asuntos más modernos, como los estudios de Attilio Mauro Caproni sobre L’atto del leggere, o el de Cristina Caponeri sobre Adolescenti e lettura.

Finalmente, adaptándose a estos confusos tiempos que vivimos y aportando su granito de arena, ofreciendo recursos para amenizar la clausura, se han inventado un canal de Youtube [Il canale dei libri]  con breves entrevistas a profesores e investigadores en el ámbito de la historia y la cultura del libro. El conjunto se titula «Dialoghi di Urbisaglia», en referencia a un campo de concentración donde fueron confinados judíos y antifascistas italianos entre 1940-1943 y donde tenían lugar conversaciones (y citamos la nota del primer vídeo): «que mantenían viva la dignidad de las personas y del pensamiento permitiendo a los seres humanos no ser derrotados gracias a los libros y a la cultura».


#iostoacasamacontinuoapensare // #yomequedoencasa

 

Cristianismo, quema de libros y censura.

Rohmann, Dirk. Christianity, Book-Burning and Censorship in Late Antiquity. Studies in Text Transmission. De Gruyter, 2016. 369 p. (Arbeiten zur Kirchengeschichte). ISBN: 9783110486070
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Cristianismo, quema de libros y censura en la antigüedad tardía. Estudios sobre la transmisión de textos.

El libro moderno tiene sus raíces en la antigüedad tardía. En el mundo antiguo los textos se escribían normalmente en rollos, que estaban hechos predominantemente de papiro. Comparativamente, el libro-códice encarna una forma mucho más cercana a los libros de hoy. Los códices eran libros encuadernados que permitían la apertura de dos páginas a la vez. Mientras que el papel como sabemos que era desconocida en la antigüedad, los códices antiguos eran en su mayoría hechos de pergamino.

Ambas formas fueron usadas para presentar y preservar la información, pero la durabilidad de los materiales utilizados y la difusión de su contenido requería ser copiado, lo que conduce a redacciones accidentales y deliberadas, malas interpretaciones y errores.

Debido a su poder literal, simbólico y cultural, y porque se usaron a menudo para transmitir la doctrina religiosa, la magia y los ritos arcanos y narrativas e información cultural, los libros de este período eran símbolos de la contienda entre ideologías y discursos culturales en competencia. En este contexto, los libros podían perderse, podían ser censurados y prohibidos, y podían también ser quemados o destruidos.

Libros raros y otras joyas de papel leonesas

Las bibliotecas de San Isidoro y la Catedral de León preservan libros tan raros que hasta el Vaticano pidió prestado uno en el que Colón cuenta que vio sirenas.

  • SAN ISIDORO DE LEÓN

Novus Orbis es un impreso editado en Holanda en 1531 donde se recogen los relatos de Cristóbal Colón sobre las llamadas Indias Occidentales, así como de otros intrépidos marinos como Martín Alonso Pinzón o Américo Vespucio. Una auténtica rareza y, por tanto, muy valioso. Lo preserva la colegiata de San Isidoro de León en su espectacular biblioteca, un auténtico cofre del tesoro.

Además de obras únicas en el mundo, 800 documentos en pergamino y casi 300 incunables, San Isidoro posee 1.055 libros antiguos o raros de los siglos XVI, XVII y XVIII. Novus Orbis, titulado en castellano Descripción del nuevo orbe, regiones e ínsulas desconocidas para los antiguos, es tan especial que la Santa Sede lo pidió prestado en 1992 para mostrarlo en el pabellón del Vaticano en la Expo de Sevilla.

La Biblia Visigótico-Mozárabe de San Isidoro está considerado uno de los veinte libros más extraños del mundo. Esta Biblia, fechada en el año 960, tiene una historia fascinante. Los especialistas creen que las figuras del miniaturista Florencio guardan un extraordinario parecido con los personajes del Guernica de Picasso, quien tuvo oportunidad de contemplar esta joya en una exposición en París en 1937. Esta biblia incluye textos de Prisciliano, condenados por herejía en el siglo VI y que se salvaron porque el censor, de nombre Peregrino, los dio de paso sin leerlos. Estas ‘páginas prohibidas’ despertaron la curiosidad del teólogo Erasmo de Rotterdam, quien pidió en el siglo XVI una copia a San Isidoro.

La Biblia Visigótico-Mozárabe de San Isidoro

La biblioteca de la colegiata también guarda entre sus estantes el llamado códice 46, un tratado de aritmética que incluye un ensayo sobre la fabricación de monedas, titulado Arte del alguarismo.

  • EL ARCHIVO DE LA CATEDRAL

Otra rareza bibliográfica es la que preserva el Archivo de la Catedral, creado en el año 860, el manuscrito número 15 conocido como Códice Palimpsesto incluye, como segunda escritura, una Biblia del siglo VI que es la más antigua de España.

Antifonario mozárabe

El templo, con más de 1.800 manuscritos, preserva uno de los libros más enigmáticos del mundo: el Antifonario mozárabe. Es un códice manuscrito que contiene los cantos de las celebraciones de la Liturgia hispánica o mozárabe. Es el único texto completo de la liturgia musical mozárabe, y está considerado una joya universal. El códice fue realizado en el monasterio leonés de San Cipriano del Condado en el año 1069 por el abad Totmundo y está dedicado al abad Ikila, que llegó a ser obispo de León. No obstante, reproduce directamente un manuscrito hispano-visigodo del año 672, durante le reinado del rey Wamba. Los signos musicales o ‘neumas’ del Antifonario, pese a ingentes esfuerzos por parte de musicólogos, no han podido ser descifrados hasta la fecha.

 

  • LA UNIVERSIDAD DE LEÓN

Pero no sólo San Isidoro y la Catedral custodian libros singulares y extraordinarios. La propia Universidad tiene una colección de grabados de Goya que en el siglo XIX, cuando la Facultad de Veterinaria tenía su sede en la Iglesia de los Descalzos —que hoy forma parte del Archivo Histórico Provincial—, servían para mostrar a los alumnos la anatomía de los equinos. Otra rareza es un tratado del siglo XVI obra de un conde de Luna que fue embajador.

Valderas, responsable del Archivo General de la Universidad de León, recibió hace tiempo una carta de la Universidad de Beirut. «Estaban haciendo un inventario de los códices en árabe que se conservan en Europa y me pedían datos y fotos de uno que se preserva en la Catedral de León». Se trata de unos evangelios en árabe, escritos en Córdoba en el siglo X y que «no se sabe cómo acabaron en León». Cuenta Valderas que hace treinta años, cuando el Museo de Historia Natural de Madrid hizo ‘limpieza’, regaló a la Universidad de León una colección de revistas de botánica del siglo XIX, con espléndidos grabados, que tenían repetida.

  • La Biblioteca Pública también tiene sus ‘joyas’. Posee más de medio centenar de manuscritos anteriores al siglo XIV y una veintena de incunables. Entre los ejemplares más codiciados por los bibliófilos hay que destacar el Sententiarum libri quatuor, obra de Pedro Lombardo, obispo de París. Se trata de un manual teológico, estudiado por los grandes pensadores medievales, desde Tomás de Aquino a Martín Lutero. Otro libro excepcional es el Quodlibet septem, de Guillermo de Ockam, de 1487, una primera edición y una de las obras más buscadas por los coleccionistas.
La Biblioteca Pública tiene además el Fasciculus temporum, del cartujo Werner Rolevinck, de 1480, considerado el primer incunable ilustrado de España.
  • La Fundación Monteleón, que convirtió en museo la casa de Botines, tiene planes para convertir la gigantesca sala que durante años sirvió de ‘cuartel general’ a los jerarcas de Caja España, para mostrar el archivo de los Condes de Luna. Una joya de excepcional valor que nunca antes se ha mostrado al público. Este archivo, abarca documentos del siglo XII al XIX, fue rescatado en Francia en su día por el catedrático de Historia Medieval César Álvarez. 51 pergaminos, 931 documentos en papel, 30 libros de archivo, ocho libros manuscritos, tres libros antiguos… en total, 1.052 piezas que narran no sólo la historia de una de las familias nobles más poderosas y representativas del Reino de León, los Condes de Luna y los Quiñones, sino también, y a través de ella, buena parte del devenir de esta tierra y del país entero. De momento, la colección reposa en la cámara acorazada del Centro de Documentación de Caja España-Duero, en la plaza de Santo Domingo.

En este archivo hay obras tan singulares como un incunable del temido inquisidor Torquemada impreso en 1472. El documento más antiguo de este archivo data de 1198. Se trata de una exención de Alfonso IX a un pueblo de Valdeón de hacer facendera, pero también hay legajos firmados por Pedro El Cruel o los Reyes Católicos y un Corán antiguo. Los documentos más singulares del Archivo Municipal se trasladaron hace meses a la Casona de Puerta Castillo. Entre los ‘legajos’ más singulares hay documentos de Sancho IV, Pedro I o los Reyes Católicos, de la Guerra de la Independencia, de incendios que asolaron casas singulares de la ciudad o la historia de San Claudio. También datos y planos de la plaza del Grano desde el año 1700. Nombramientos de corregidores, las pragmáticas de Felipe IV, una visita de Carlos II a León y papeles de las poderosas familias de los Quiñones y los Guzmanes.

  • El Archivo Histórico Provincial, ubicado en el castillo de León que con los años sería también cárcel, entre kilómetros de libros y documentos tiene también sus rarezas. Por ejemplo, el proyecto de tranvía de la ciudad de León de 1913; un Beato del siglo XIII cuya procedencia no está clara y que, antes de llegar a León, estuvo en países como Bélgica o Brasil; o los privilegios de Colinas del Campo y La Cepeda.

FUENTE: DIARIO DE LEON

Un ejemplo para el estudio de la edición de bulas incunables : las indulgencias para la catedral de Huesca

de los Reyes Gómez, F., & Pedraza Gracia, M. J. (2019). Las indulgencias para la catedral de Huesca, un ejemplo para el estudio de la edición de bulas incunablesRevista General De Información Y Documentación29(2), 399-411. https://doi.org/10.5209/rgid.66974

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Resumen

La excepcional conservación de ejemplares de una bula de indulgencias para la catedral de Huesca permite conocer mejor el proceso de impresión y de publicación de estos documentos, frecuentes en el periodo incunable. La necesidad de elaborar ejemplares simultáneos de bulas para vivos y difuntos, junto con la existencia de un único grabado para las primeras, obligó a realizar diversas composiciones que son objeto de un interesante análisis de bibliografía material.

La Bibliotheca Corviniana.

La Biblioteca Corviniana fue una de las mayores bibliotecas del Renacimiento, fundada por Matías I de Hungría, rey de Hungría (1458 – 1490). Patrimonio documental propuesto por Hungría, Belgica, Italia, Alemania, Francia y Austria y recomendado para su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo en 2005.

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Durante el Renacimiento hubo un florecimiento en Europa de las artes y las ciencias, recuperando la pasión y fascinación por el conocimiento de la época clásica, aunque quizá muchos dirán que fue una maniobra de las clases dirigentes para diferenciarse de sus precursores y perpetuarse como grandes mecenas a los ojos de sus súbditos. En cualquier caso, esta nueva situación llevó a la creación de grandes bibliotecas como la fundada por el rey Matías I de Hungría, la Biblioteca Corviniana, una de las más grandes de su época y que, por desgracia, desapareció.

El rey Matías I fue uno de los más poderosos de su época, entre 1458 y 1490, creador de una de las épocas doradas de Hungría. Al igual que otros de sus contemporáneos, el rey decidió construir una notable biblioteca, por lo que mandó a sus estudiosos que comenzaran a coleccionar libros de incalculable valor, allá donde los encontraran.

Se calcula que, tras la muerte del rey (1490), la Biblioteca Corviniana albergaba más de 3.000 códices, que contenían más de 5.000 textos de gran importancia. El material de la Corvina respondía a los criterios científicos más avanzados de la época y a las exigencias de la concepción humanista de la educación. Allí estaban los autores antiguos, griegos y latinos, descubiertos por los humanistas; la Biblia y las obras de los autores eclesiásticos y de los teólogos y eruditos medievales, y también los escritos de los humanistas contemporáneos. Entre los temas predilectos de éstos se contaban la literatura, la historia, la filosofía, la teología, la retórica, la ciencia militar, la medicina, la arquitectura y la astronomía. Los volúmenes estaban escritos en latín, en griego, en árabe y hasta en húngaro.

En su momento, esta biblioteca se convirtió en una de las más grandes de toda Europa, superada solo por la Biblioteca del Vaticano, que en aquella época era imbatible. Eso sí, en algunos temas llegó a ser la primera, como, por ejemplo, en el apartado de textos científicos. Además, sirvió de inspiración para la creación de otras colecciones, como la de los Médici en Florencia.

Por desgracia, tras la muerte del rey Matías se abatió un periodo de luchas y conflictos en Hungría que acabó con la invasión turca del reino en el siglo XVI. La Biblioteca Corviniana fue saqueada y muchos de sus códices reducidos a cenizas. Solo 216 de los miles de libros llegaron a sobrevivir este terrible suceso.

Hoy día, la Biblioteca Nacional de Hungría trabaja digitalizando los libros que se han logrado recuperar, para ponerlos a disposición de todo el mundo a través de Internet. Entre ellos habría que destacar algunos como el Constantine Porphyrogennetos, un testimonio único para conocer los usos y costumbres del Imperio Bizantino.

Actualmente se conocen en todo el mundo 216 volúmenes que pertenecieron a la Corvina, de los cuales sólo 53 permanecen en Hungría. La Biblioteca Nacional de Austria posee 39; otros 49 están en diferentes bibliotecas de Italia, y el resto se reparte entre colecciones francesas (7), alemanas (8) y de Inglaterra, Turquía y los Estados Unidos de América.


FUENTE: Alfredo Álamo y Programa Memoria del Mundo (UNESCO)

EL HUMANISMO: Dante, Petrarca y Boccaccio

Los tres grandes autores de la primera literatura italiana, que influyeron decisivamente en toda la literatura humanista y renacentista europea, también están representados en la donación de ocho facsímiles que la Editorial CM ha donado recientemente a la Biblioteca General Histórica. 

Petrarca, Canzonieri e Trionfi,

De los dos primeros, Dante y Petrarca, se han recibido los facsímiles de sendos incunables venecianos ilustrados, ambos publicados por Salerno Editrice. En el caso de Petrarca, la edición de 1470 de los Canzonieri e Trionfi, tomada del ejemplar coloreado conservado en la Biblioteca Civica Queriniana di Brescia; y en el caso de Dante, la edición de la Comedia de 1491, del ejemplar asimismo coloreado de la Casa di Dante en Roma.

Dante historiato da Federico Zuccar
Dante historiato da Federico Zuccaro,

También de Salerno Editrice es el Dante historiato da Federico Zuccaro, un enorme volumen apaisado con los dibujos inspirados en la Divina comedia de este ilustre pintor y arquitecto renacentista. El facsímil es copia del manuscrito conservado en el Gabinetto del Disegni e delle Stampe degli Uffizi di Firenze.

Giovanni Boccaccio. Il Decamerone

Llegamos al final. En las distopías de ficción siempre hay villanos, una clase dirigente que organiza la infamia y vive de ella (desde Fahrenheit 451 al Cuento de la criada), pero en las distopías reales todos somos víctimas. Por ello, como homenaje a todos nosotros en estos malos días, terminamos con una hermosa obra nacida de una pesadilla pandémica: la obra en la que Giovanni Boccaccio imaginó “confinados” a diez jóvenes (siete mujeres y tres hombres) durante la epidemia de peste que asoló Florencia en 1348. Con las historias que se contaron durante su encierro, se tejió Il Decamerone. El facsímil que hemos recibido reproduce el manuscrito de la primera traducción al francés, realizada en torno a 1414, que se conserva en la Biblioteca de L’Arsenal de París, una de las secciones de la Biblioteca Nacional de Francia. Se trata de un códice en pergamino de 800 páginas, ilustrado con capitulares, adornos florales y más de 100 miniaturas en vivos colores y oro.


EDAD MEDIA: de los Beatos a las Crónicas

Estudio de libros de polifonía, contextos y prácticas musicales (ca. 1550-1626).

Manuscritos e impresos musicales en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona

Puentes-Blanco, Andrea. Música y devoción en Barcelona (ca. 1550-1626): Estudio de libros de polifonía, contextos y prácticas musicales. Ros-Fábregas, Emilio (dir.)[2018]. Universitat de Barcelona. Tesis doctoral. http://hdl.handle.net/2445/130521
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Esta Tesis Doctoral estudia los libros manuscritos de polifonía sacra renacentista copiados entre ca. 1550 y 1626 que se conservan en dos bibliotecas de Barcelona, examina su repertorio y explora su relación con la vida musical en Barcelona durante ese periodo.

Esta investigación se centra en dos áreas hasta ahora insuficientemente consideradas en los estudios sobre la música en Barcelona durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del siglo XVII: por un lado, los libros de polifonía conservados, que carecen, la mayoría, de estudios exhaustivos y actualizados, y, por otro, la exploración de la vida musical religiosa en la ciudad adoptando una perspectiva urbana, distinta al enfoque institucional y biográfico que ha prevalecido en trabajos previos.

La Tesis consta de cuatro capítulos estructurados en dos partes (Volumen I: Estudio), y de diecisiete apéndices (Volumen II: Apéndices).

  • La Parte I (Capítulos I y II) está dedicada al estudio de los libros manuscritos de polifonía de la época que se conservan en bibliotecas de Barcelona y de su repertorio.
  • La Parte II (Capítulos III y IV) explora la vida musical religiosa en la ciudad.
  • El Volumen II contiene diecisiete apéndices que incluyen inventarios detallados de los veinte manuscritos estudiados, un censo completo de los libros impresos de polifonía en bibliotecas de Barcelona y abundante documentación relacionada con la investigación.

Bibliotecas y hemerotecas digitales en el NDHE

Mar Campos Souto. Bibliotecas y hemerotecas digitales en el NDHE. EN: Cuadernos del Instituto de Historia de la Lengua, nº. 11, 2018, págs. 237-255. ISSN 1889-0709.

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En este artículo se presenta un análisis de la importancia de la utilización de las bibliotecas y hemerotecas digitales en el Nuevo diccionario histórico del español (NDHE), el proyecto de la Real Academia Española; en concreto, se demuestra la preeminencia de este tipo de repositorios en la aportación de los primeros testimonios de las acepciones documentadas a partir del año 1700, frente a otros recursos, como los corpus o los tesoros lexicográficos.

Por otro lado, se muestra que el uso de estas fuentes documentales, condicionado por su accesibilidad, provoca, entre otros efectos, ciertas distorsiones en la representación de la vitalidad dialectal del español.

 

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