Libros raros y otras joyas de papel leonesas

Las bibliotecas de San Isidoro y la Catedral de León preservan libros tan raros que hasta el Vaticano pidió prestado uno en el que Colón cuenta que vio sirenas.

  • SAN ISIDORO DE LEÓN

Novus Orbis es un impreso editado en Holanda en 1531 donde se recogen los relatos de Cristóbal Colón sobre las llamadas Indias Occidentales, así como de otros intrépidos marinos como Martín Alonso Pinzón o Américo Vespucio. Una auténtica rareza y, por tanto, muy valioso. Lo preserva la colegiata de San Isidoro de León en su espectacular biblioteca, un auténtico cofre del tesoro.

Además de obras únicas en el mundo, 800 documentos en pergamino y casi 300 incunables, San Isidoro posee 1.055 libros antiguos o raros de los siglos XVI, XVII y XVIII. Novus Orbis, titulado en castellano Descripción del nuevo orbe, regiones e ínsulas desconocidas para los antiguos, es tan especial que la Santa Sede lo pidió prestado en 1992 para mostrarlo en el pabellón del Vaticano en la Expo de Sevilla.

La Biblia Visigótico-Mozárabe de San Isidoro está considerado uno de los veinte libros más extraños del mundo. Esta Biblia, fechada en el año 960, tiene una historia fascinante. Los especialistas creen que las figuras del miniaturista Florencio guardan un extraordinario parecido con los personajes del Guernica de Picasso, quien tuvo oportunidad de contemplar esta joya en una exposición en París en 1937. Esta biblia incluye textos de Prisciliano, condenados por herejía en el siglo VI y que se salvaron porque el censor, de nombre Peregrino, los dio de paso sin leerlos. Estas ‘páginas prohibidas’ despertaron la curiosidad del teólogo Erasmo de Rotterdam, quien pidió en el siglo XVI una copia a San Isidoro.

La Biblia Visigótico-Mozárabe de San Isidoro

La biblioteca de la colegiata también guarda entre sus estantes el llamado códice 46, un tratado de aritmética que incluye un ensayo sobre la fabricación de monedas, titulado Arte del alguarismo.

  • EL ARCHIVO DE LA CATEDRAL

Otra rareza bibliográfica es la que preserva el Archivo de la Catedral, creado en el año 860, el manuscrito número 15 conocido como Códice Palimpsesto incluye, como segunda escritura, una Biblia del siglo VI que es la más antigua de España.

Antifonario mozárabe

El templo, con más de 1.800 manuscritos, preserva uno de los libros más enigmáticos del mundo: el Antifonario mozárabe. Es un códice manuscrito que contiene los cantos de las celebraciones de la Liturgia hispánica o mozárabe. Es el único texto completo de la liturgia musical mozárabe, y está considerado una joya universal. El códice fue realizado en el monasterio leonés de San Cipriano del Condado en el año 1069 por el abad Totmundo y está dedicado al abad Ikila, que llegó a ser obispo de León. No obstante, reproduce directamente un manuscrito hispano-visigodo del año 672, durante le reinado del rey Wamba. Los signos musicales o ‘neumas’ del Antifonario, pese a ingentes esfuerzos por parte de musicólogos, no han podido ser descifrados hasta la fecha.

 

  • LA UNIVERSIDAD DE LEÓN

Pero no sólo San Isidoro y la Catedral custodian libros singulares y extraordinarios. La propia Universidad tiene una colección de grabados de Goya que en el siglo XIX, cuando la Facultad de Veterinaria tenía su sede en la Iglesia de los Descalzos —que hoy forma parte del Archivo Histórico Provincial—, servían para mostrar a los alumnos la anatomía de los equinos. Otra rareza es un tratado del siglo XVI obra de un conde de Luna que fue embajador.

Valderas, responsable del Archivo General de la Universidad de León, recibió hace tiempo una carta de la Universidad de Beirut. «Estaban haciendo un inventario de los códices en árabe que se conservan en Europa y me pedían datos y fotos de uno que se preserva en la Catedral de León». Se trata de unos evangelios en árabe, escritos en Córdoba en el siglo X y que «no se sabe cómo acabaron en León». Cuenta Valderas que hace treinta años, cuando el Museo de Historia Natural de Madrid hizo ‘limpieza’, regaló a la Universidad de León una colección de revistas de botánica del siglo XIX, con espléndidos grabados, que tenían repetida.

  • La Biblioteca Pública también tiene sus ‘joyas’. Posee más de medio centenar de manuscritos anteriores al siglo XIV y una veintena de incunables. Entre los ejemplares más codiciados por los bibliófilos hay que destacar el Sententiarum libri quatuor, obra de Pedro Lombardo, obispo de París. Se trata de un manual teológico, estudiado por los grandes pensadores medievales, desde Tomás de Aquino a Martín Lutero. Otro libro excepcional es el Quodlibet septem, de Guillermo de Ockam, de 1487, una primera edición y una de las obras más buscadas por los coleccionistas.
La Biblioteca Pública tiene además el Fasciculus temporum, del cartujo Werner Rolevinck, de 1480, considerado el primer incunable ilustrado de España.
  • La Fundación Monteleón, que convirtió en museo la casa de Botines, tiene planes para convertir la gigantesca sala que durante años sirvió de ‘cuartel general’ a los jerarcas de Caja España, para mostrar el archivo de los Condes de Luna. Una joya de excepcional valor que nunca antes se ha mostrado al público. Este archivo, abarca documentos del siglo XII al XIX, fue rescatado en Francia en su día por el catedrático de Historia Medieval César Álvarez. 51 pergaminos, 931 documentos en papel, 30 libros de archivo, ocho libros manuscritos, tres libros antiguos… en total, 1.052 piezas que narran no sólo la historia de una de las familias nobles más poderosas y representativas del Reino de León, los Condes de Luna y los Quiñones, sino también, y a través de ella, buena parte del devenir de esta tierra y del país entero. De momento, la colección reposa en la cámara acorazada del Centro de Documentación de Caja España-Duero, en la plaza de Santo Domingo.

En este archivo hay obras tan singulares como un incunable del temido inquisidor Torquemada impreso en 1472. El documento más antiguo de este archivo data de 1198. Se trata de una exención de Alfonso IX a un pueblo de Valdeón de hacer facendera, pero también hay legajos firmados por Pedro El Cruel o los Reyes Católicos y un Corán antiguo. Los documentos más singulares del Archivo Municipal se trasladaron hace meses a la Casona de Puerta Castillo. Entre los ‘legajos’ más singulares hay documentos de Sancho IV, Pedro I o los Reyes Católicos, de la Guerra de la Independencia, de incendios que asolaron casas singulares de la ciudad o la historia de San Claudio. También datos y planos de la plaza del Grano desde el año 1700. Nombramientos de corregidores, las pragmáticas de Felipe IV, una visita de Carlos II a León y papeles de las poderosas familias de los Quiñones y los Guzmanes.

  • El Archivo Histórico Provincial, ubicado en el castillo de León que con los años sería también cárcel, entre kilómetros de libros y documentos tiene también sus rarezas. Por ejemplo, el proyecto de tranvía de la ciudad de León de 1913; un Beato del siglo XIII cuya procedencia no está clara y que, antes de llegar a León, estuvo en países como Bélgica o Brasil; o los privilegios de Colinas del Campo y La Cepeda.

FUENTE: DIARIO DE LEON

The Booksellers: una mirada a los libros antiguos y raros

El documental THE BOOKSELLERS es una mirada animada y entre bastidores al mundo de los libros antiguos y raros de Nueva York y a la fascinante gente que lo habita.

Producida por Parker Posey , la película recuerda con nostalgia las librerías de la tradición y los encargados que heredaron el oficio que permaneció en gran parte inalterado durante un siglo. En 90 minutos, Young entreteje el ecosistema de los libros especializados: libreros raros, tasadores y subastadores; coleccionistas privados con vastas bibliotecas personales; archiveros e instituciones que exhiben material; viajes personales al oficio de los marchantes y figuras literarias como Fran Lebovitz y Gay Talese. Los libreros son “descubridores de la historia”, dijo Young al Guardian, y por lo tanto la película es “un argumento de por qué es importante preservar los libros físicos y no se trata sólo de que tengan valor como simples objetos de colección”.

“Un libro antiguo atraviesa el tiempo”, nos dice en la película Rebecca Romney,  librera de Type Punch Matrix  que ha llevado sus conocimientos sobre libros raros a la exposición Pawn Stars. “De repente se siente algo tan especial si algo que se imprimió en 1700  lo sostienes en tu mano – te sientes ahí, te sientes presente.” [VER TRAILER]

La película es, según el director DW Young y el productor/comerciante de libros Dan Wechsler, una “celebración del libro” como objeto, una exploración de los personajes que pueblan y transmiten una tradición, y un homenaje a la curiosidad fundamental y embriagadora que subyace al impulso de recoger textos impresos. También es un retrato de un mundo a menudo insular que se ha abierto, y a veces separado, por la llegada de Internet. The Booksellers traza un panorama comercial que frecuentemente se proyecta hacia Nueva York, como el auge y el declive de Book Row en la Cuarta Avenida, que tuvo 48 librerías independientes en su apogeo en el siglo XX; hoy en día, sólo queda una, The Strand.

THE BOOKSELLERS es tanto una amorosa celebración de la cultura del libro como una seria exploración del futuro del libro.

La amenaza de los guantes de algodón.

Los libros raros, a diferencia de muchos objetos de museo, siguen utilizándose hoy en día de la misma manera que lo habrían hecho cuando eran nuevos hace siglos: se conservan y se abren, y sus páginas se pasan de página. Tendría sentido que estos objetos históricos se manipularan con guantes blancos para mantenerlos limpios, ¿verdad? Así lo vemos en vídeos o al leer una noticia con imágenes de un bibliotecario manejando un libro raro.

Sin embargo, la sección de Colecciones Especiales de la Biblioteca Smithsonian estipula que el personal y los lectores tienen que tener las manos limpias y secas cuando manejan los libros, en vez de usar guantes. Y esto es así por varias razones:

  • Las manos con guantes carecen de la tactilidad y destreza manual de las manos desnudas. Manejar un libro con las manos enguantadas podría provocar páginas rasgadas accidentalmente cuando los guantes se enganchan en los bordes frágiles, o que un valioso libro se caiga si los guantes están flojos o resbaladizos.
  • Los guantes de algodón, en particular, tienen tendencia a levantar fragmentos de las páginas, incluidos los pigmentos. Sus fibras pueden quedarse atrapadas en grietas que son invisibles a simple vista, dañando aún más los pigmentos y tintas.
  • Esto también significa que los guantes de algodón retienen mucha suciedad, lo que los hace no tan limpios después de todo.
  • En esta misma línea, los guantes hacen que las manos suden, y esta humedad puede penetrar en los guantes para terminar en los libros.

En un artículo de la IFLA sobre los peligros del uso de guantes en las salas de lectura [Leer aquí] , Cathleen A. Baker y Randy Silverman no pudieron encontrar evidencia científica de que manipular papel con las manos desnudas, limpias y secas causara daño químico. Pero incluso antes de la comprensión científica moderna de los productos químicos, los guantes no eran aliados de los bibliotecarios. De hecho, remontan el uso de los guantes blancos a finales del siglo XIX, cuando se destinaban principalmente a la fotografía.

margarita becedas - Buscar con Google

En su mayor parte, los consejos sobre el manejo de libros a lo largo de los siglos recomiendan tener las manos limpias en lugar de usar guantes. Ainsworth Rand Spofford describe cómo Nicolas Fouquet, notable coleccionista de libros del siglo XVII, insistió en que sus libros sólo se manejaran con guantes blancos, pero este parece ser un caso aislado. El artículo de la Biblioteca Británica sobre el tema cita una fuente medieval que describe cómo la lectura de un libro con las manos enguantadas también fue desaprobada en ese período; es cierto que esta fuente medieval estaba más preocupada por denunciar la “extravagancia” de la lectura con guantes, advirtiendo que se trataba de un camino hacia el purgatorio. [The British Library. (2019). Using Gloves with Books and Manuscripts.]

Entonces, ¿cómo llegaron los guantes blancos a la percepción popular de las bibliotecas de colecciones especiales? Baker y Silverman especulan que la idea de los bibliotecarios con guantes blancos sólo tiene unos 20 años de antigüedad, y que proviene de vendedores astutos y catálogos de suministros de archivo que elogian sus virtudes. Sin embargo, también se puede hacer un apunte acerca de la forma de representar a las bibliotecas, a los bibliotecarios y a los libros raros en los medios de comunicación. El uso del guante blanco actúa como un aviso visual de “objeto viejo y valioso”. La asociación de los guantes blancos con los libros raros también indica que el primer conocimiento de muchas personas sobre las colecciones especiales proviene de los medios de comunicación de mayor difusión, más que de los especialistas. Esta información puede ser usada para conectarse mejor con los usuarios potenciales, pero también indica que tal vez los guionistas y creadores de películas deberían hacer un poco más de investigación antes de poner a su bibliotecario a trabajar con guantes.

Pero, como la mayoría de las cosas que tienen que ver con los libros raros, abundan las excepciones al no uso de los guantes:

  • El más grande es el material fotográfico: una gran cantidad de evidencia científica indica que cualquier cantidad de aceite o residuo en la piel puede reaccionar con los productos químicos sensibles utilizados en el proceso fotográfico.
  • Otro son los libros con muchos componentes metálicos (ganchos, salientes y esquineros protectores), por razones similares.
  • Otra excepción importante es la que se hace con los libros raros, por lo demás “normales”, que contienen elementos tóxicos como el arsénico.

Aunque es importante que nos esforcemos por no dañar los libros, es mucho más importante que los libros no te dañen a ti.


FUENTE: Alexandra K. Alvis. No Love for White Gloves, or: the Cotton Menace. Unbound Smithsonian Libraries. [November 21, 2019]

Recurso para Libros raros: Rarebooks.stanford.edu

Rarebooks.stanford.edu

Rarebooks.stanford.edu es un recurso para investigadores, estudiantes, bibliotecarios, profesionales del libro y coleccionistas. Aquí puede buscar a través y dentro del texto completo de más de 100 bibliografías de libros raros, catálogos de bibliotecas y catálogos de ventas.

Los temas abarcan la imprenta temprana, la literatura mundial, la historia natural, la ciencia, la medicina, la teología, los estudios culturales y de área, la judaica, la música, la teología, el arte y la arquitectura, entre otros. La colección está organizada en categorías de navegación, incluyendo una categoría para todos los títulos de la colección. Con capacidades de búsqueda de texto completo en casi un millón de páginas, este recurso ofrece oportunidades de investigación en muchas disciplinas.

Consulte “Cómo buscar en la colección” [“How to search the Collection“] para obtener más detalles sobre la búsqueda en toda la colección y en volúmenes individuales. Para navegar por una lista descriptiva de los títulos, consulte la página “Lista de títulos” [“Title List“].

Vídeo de demostración de búsqueda.

 

La lengua en que está escrito el misterioso manuscrito Voynich.

Ya se sabe en qué lengua está escrito el misterioso manuscrito Voynich.

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Gerard Cheshire (2019) The Language and Writing System of MS408 (Voynich) Explained, Romance Studies, DOI: 10.1080/02639904.2019.1599566

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Aunque el propósito y el significado del manuscrito habían eludido a los académicos durante más de un siglo, Gerard Cheshire, investigador asociado, necesitó dos semanas, utilizando una combinación de pensamiento lateral e ingenio, para identificar el lenguaje y el sistema de redacción del famoso documento inescrutable, informa la Universidad de Bristol.

En su artículo revisado por pares, ‘The Language and Writing System of MS408 (Voynich) Explained’, publicado en la revista Romance Studies, Cheshire describe cómo descifró con éxito el códice del manuscrito y, al mismo tiempo, reveló el único ejemplo conocido de lengua proto-romance.

El manuscrito MS408 (Voynich) es inusual en varios aspectos:

  1. Utiliza una lengua extinta.
  2. Su alfabeto utiliza una serie de símbolos desconocidos junto con símbolos más familiares.
  3. No incluye signos de puntuación dedicados.
  4. Algunas de las letras tienen variantes de símbolos para indicar puntuación.
  5. Algunas de las variantes de símbolos indican acentos fonéticos.
  6. Todas las letras están en minúsculas.
  7. No hay consonantes dobles.
  8. Incluye diptongos, trifongos, cuadrifongos e incluso quintifongos para la abreviatura de componentes fonéticos.
  9. Incluye algunas palabras y abreviaturas en latín.

Como resultado, identificar el lenguaje y resolver el sistema de escritura requería ingenio y pensamiento lateral, pero ambos fueron debidamente revelados. El sistema de escritura es bastante más singular y menos intuitivo que los sistemas modernos, lo que puede explicar por qué no se volvió culturalmente ubicuo y finalmente se volvió obsoleto. Por otra parte, un importante vestigio de la lengua ha sobrevivido hasta la era moderna, porque su léxico ha sido secuestrado en las muchas lenguas modernas de la Europa mediterránea.

En este artículo se explica el lenguaje y el sistema de escritura, para que otros estudiosos puedan explorar el manuscrito por su contenido lingüístico e informativo.


FUENTE: europapress.es

Libros en miniatura.

Breve historia de los libros en miniatura - La piedra de Sísifo

El concepto de libro en miniatura no es fácil de delimitar, sobre todo porque varía en función de la época y del país. La mayoría de coleccionistas están de acuerdo en considerar libros en miniatura aquellos que miden menos de unos diez centímetros de altura, de anchura o de grosor. Teniendo en cuenta estas dimensiones, este tipo de libros son casi tan antiguos como la propia escritura, desde las antiguas tabillas cuneiformes hasta los exquisitos Libros de Horas medievales.

Este tipo de libros se creaba y adquiría principalmente por dos motivos: por lo práctico que resultaba almacenarlos, manejarlos o viajar con ellos ‒como Napoleón, que se acompañaba de una buena cantidad de ellos en sus conquistas por toda Europa‒ y por el placer de coleccionar objetos minúsculos llenos de belleza.

Los libros en miniatura permitían a los hombres de fe, por ejemplo, llevar consigo a todas partes su colección de salmos y libros devocionales, los estudiantes podían almacenar en poco espacio una pequeña biblioteca, los que querían extender ideas no permitidas podía ocultarlos fácilmente en su capa o en un doble fondo, los comerciantes podían acceder rápidamente en su cinturón a una pequeña pero completa guía sobre la equivalencia de los precios de los granos, las escalas, las medidas, así como su conversión y el valor de las monedas extranjeras mientras cerraban un trato.

Es más, ese es precisamente el propósito con el que nacieron algunos de los primeros libros en miniatura. Creados durante el Imperio babilónico, todavía sobreviven tabletas cuneiformes de la antigua Mesopotamia de muy reducidas proporciones, que contienen un antiguo sistema de escritura y que se refieren a cuestiones comerciales y administrativas. Una de ellas es una tablilla de arcilla que data del séptimo año del reinado de Bur-Sin, alrededor del año 2.325 a.C., que proviene de la región de Ur, hoy Irak, y que mide solo 4cm X 3,8cm. Contiene información extremadamente útil sobre cebada y salvado para ovejas. Otra es una tablilla de arcilla babilónica de Senkereh, también Irak, fechada en el 2200 a.C. Y que mide 4,7cm X 3,1cm, también utilizada para el comercio de animales y provisiones.

Otro hermoso objeto en miniatura es la primera impresión del mundo en papel. Se trata de un pergamino muy pequeño obtenido de bloques de madera que data del 770 a.C. y que es conocido como la oración D’harani. Este documento fue elaborado por la emperatriz japonesa Shotoku con el objetivo de difundir el budismo. La emperatriz ordenó imprimir un millón de copias de estos rollos de oración encajonados y luego pidió que se distribuyeran por todo el país, un proyecto que requirió más de seis años de trabajo continuo.

Breve historia de los libros en miniatura - La piedra de Sísifo

El segundo motivo que convertía este tipo de libros en una preciada joya de coleccionismo era su preciosismo formal. De hecho, antes de Gutenberg, no era completamente extraño que se elaboraran manuscritos en miniatura y se completaran con iluminaciones. Sin embargo, no fue hasta que se desarrolló de forma adecuada la tecnología de impresión cuando se puso a prueba hasta dónde se podía reducir el tamaño de un libro. En el siglo XVI encontramos ya unos 200 ejemplares, incluyendo 46 biblias y dos ediciones, dos de Ovidio y cuatro de Dante, y posteriormente la producción de este tipo de libros permite reflejar cómo han ido avanzando los procesos de impresión y las máquinas asociadas a ellos. Había libros en miniatura impresos en caracteres góticos e incunables, o en los tipos griegos más antiguos, hebreos, etc.

dantino libro miniatura dante - Buscar con Google

A medida que mejoraban las técnicas de impresión y encuadernación, los creadores de libros demostraban cada vez más sus habilidades creando libros aún más pequeños con encuadernaciones cada vez más complejas y hermosas. Un ejemplo singular es la Divina Comedia de Dante de 1878, conocida como Dantino. Se dice que para completar su edición muchos artesanos resultaron heridos: las operaciones necesarias de preparación y corte de los tipos llegaron a causar lesiones graves en la vista tanto del compositor como del corrector. Se tardó un mes en imprimir treinta páginas y se necesitaron nuevos tipos para cada nueva forma. Alrededor de la década de los 70 del siglo XIX, dos hermanos de Padua, Italia, junto con un pequeño equipo de profesionales como fundidores, compositores y correctores, desarrollaron una minúscula tipografía sin precedentes, a la que llamaron carattere a occhio di mosca («tipo ojo de mosca») , y que se utilizó por primera vez para la obra maestra del micro Dante. Las medidas del libro son 3,1cm X 44,4mm, y solo se puede leer con una lupa

El gran auge de los libros en miniatura se produce entre los siglos XVIII y XIX. William Pickering fue el primero en producir miniaturas a gran escala en 1819. Su serie Diamond Classics presentaba un conjunto heterogéneo de obras muy conocidas, diseñadas de manera uniforme para que cupieran en el bolsillo. Los editores rivales no tardaron en imitarlo, produciéndose más miniaturas que nunca. Algunos de los impresores y editores más prolíficos en este período fueron Elizabeth Newbery en el Reino Unido, J.B. Fournier en Francia y en Estados Unidos Mein y Fleming ‒en Boston‒, Isaiah Thomas ‒en Worcester, Massachusetts‒ y Mahlon Day y Samuel Wood ‒en Nueva York‒. A mediados del siglo XIX los libros en miniatura se hacen más asequibles y llegan a ser tan populares que asistimos a una especie de edad de oro, en gran medida gracias a la demanda del mercado de libros por entregas y almanaques en miniatura.

La invención de la litografía, la revolución industrial y la mejora de los servicios ferroviarios y postales desempeñaron a su vez un papel decisivo en el aumento de su producción y distribución.


FUENTE: https://lapiedradesisifo.com

Los ‘crisolines’.

La editorial Aguilar cierra la colección de pequeños libros iniciada en 1946 y que en algunos hogares se vivía como una tradición familiar.

Colección de 'crisolines' en la librería del Prado, en Madrid.

Los crisolines son los minúsculos libritos (6,5 centímetros de base y ocho de alto, ostro de piel, tajuelo plateado, tripas de papel suave y textos del cuerpo 5 ) en los que la editorial Aguilar ha editado todo tipo de títulos —sobre todo, clásicos— desde 1946; uno al año, excepcionalmente, dos. Formaron parte de los libros más pequeñitos de España. Codiciados por aquellos coleccionistas de libros curiosos a quienes a veces llamamos bibliófilos.

El nombre oficial de era Colección Crisol Serie Extra. Su adquisición se trata de una tradición forjada durante décadas, que ha pasado de padres a hijos, a hermanos, a nietos, de suegros a nueras y que ha convertido en un ritual para muchos el ir a comprar cada Navidad —para regalar o autorregalarse— el título que año a año iba completando la colección. Siempre se ha dicho que durante los primeros años de su publicación, la editorial los regalaba, pero en el papelito de presentación, impreso en papel biblia, que acompañaba al primer volumen, podemos observar que éste salió con un precio inicial de 5 ptas. –nada que ver con las cotizaciones de hoy en día–, lo que hace suponer que una pequeña cantidad se puso a la venta para costear la edición.

Muchos de los amantes de estos tomitos se mostraban disgustados por las dificultades de hallar, a precios razonables, ejemplares de aquellos primeros libritos, cuya cotización se ha disparado en librerías de viejo hasta alcanzar cifras de cuatro ceros. Con el paso del tiempo, al igual que ocurrió con otras colecciones, los volúmenes fueron perdiendo sus características, a excepción del tamaño. En los años ochenta, la fina piel de cabra se sustituyó por el plástico. La misma suerte corrió el papel biblia y la decoración de los lomos.

Sin embargo, esta vez los libreros han tenido que explicar a los clientes que llevan desde noviembre preguntando por la nueva entrega que ya no habrá más. “No sabemos por qué; solo sabemos que se han dejado de editar”, señala Nieves Cuevas, de la librería madrileña Pérez Galdós. Un portavoz de la empresa se limita a confirmar que se ha cerrado la colección “por motivos editoriales”. 

Los crisolines. In memoriam. | Antigua Editorial AguilarEntre sus títulos podemos encontrar: Amor e historia del libro, de Ricardo de Bury, y Negro sobre blanco, de M. Ilin (1946), El alma de Cervantes, de Agustín Herrera García (1947); Estudios sobre el amor, de José Ortega y Gasset (1950); Vida de Lazarillo de Tormes, en edición de Ángel Valbuena Prat (1956); La gitanilla, de Cervantes (1968); la Constitución de 1812 (1976); Ficciones, de Borges (1981); Poesías de san Juan de la Cruz (1991); Somos cuentos de cuentos, de José Saramago (2001), o Soledades, de Antonio Machado (2006), por mencionar unos pocos entre sus 90 volúmenes.


Fuente: https://antiguaeditorialaguilar.wordpress.com