Tipografía e iconografía de la imprenta en el México del siglo XVI

Primeros vagidos de tipografía y biblioiconografía mexicana del siglo XVI
Muestra de tipografía 275 G, utilizada por Juan Pablos, Pedro Ocharte y Antonio de Espinosa. Psalterivm Antiphonarium Sanctorale, Pedro Ocharte, 1584, fragmento de f. 94 v. Primeros libros de las Américas (enero 2019)

RODRÍGUEZ DOMÍNGUEZ, Guadalupe. Primeros vagidos de tipografía y biblioiconografía mexicana del siglo XVI. EN: Varia hist. vol.35 no.68 Belo Horizonte May/Aug. 2019 Epub May 16, 2019
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El estudio de la tipografía y la iconografía de la imprenta en México del siglo XVI sigue siendo un tema a investigar, aunque se han realizado algunos acercamientos al tema desde diversas disciplinas faltan aún muchas aristas por atender.

En este artículo se propone una nueva aplicación teórico-metodológica, la del análisis material, que permite rescatar información puntual sobre las características de cada una de las piezas usadas en el proceso de impresión, a partir de la mancha de tinta que estas dejan en el papel. Con el registro exhaustivo de los tipos y de los grabados xilográficos presentes en los impresos se forman los muestrarios de materiales que poseía cada imprenta. Estos muestrarios aportan información útil para la identificación del uso de los materiales de impresión durante el período activo de las imprentas. El análisis de los usos permite, a su vez, reconstruir parte de la intrahistoria de cada uno de los talleres de impresión existentes.

Primeros vagidos de tipografía y biblioiconografía mexicana del siglo XVI

Grabado xilográfico de la Conversión de infieles. Doctrina christiana en lengua castellana y çapoteca, Pedro Ocharte, 1567, f. 19 r. John Carter Brown Library-Mexico Incunables Collection. “Courtesy of the John Carter Brown Library at Brown University”.

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Un espía, un mapa y la conquista del poder en la Europa del siglo XVI

En 1502, mientras los europeos miraban hacia las Américas, los mapas de aquel continente aún por descubrir se convirtieron en deseados objetos de poder e intriga. Líneas costeras de las cuales, por aquel entonces, no se tenía la más remota idea de a donde podían dirigirse: puertos, ríos, recursos y enclaves estratégicos.

Alberto Cantino, un espía italiano, consiguió hacerse con un mapa portugués que revelaba sorprendentes hallazgos en el Nuevo Mundo.

El Planisferio de Cantino
Planisferio de Cantino (1502)
FUENTE: National Geographic 

Elaborado en Lisboa y terminado en 1502, el Planisferio de Cantino presentó nuevos datos sobre el Nuevo Mundo al tiempo que incorporó algunos rasgos clave de la cosmovisión medieval. Incluía información inédita hasta el momento sobre las rutas comerciales portuguesas y el progresivo descubrimiento de las costas del actual Brasil.

La palabra “planisferio” hace referencia a la representación sobre un plano de una esfera. El Planisferio de Cantino,  consta de seis piezas de pergamino unidas a un gran lienzo de unos 1,2 x 2,4 metros. En la parte posterior del mapa puede leerse la inscripción: “Carta da navigar per le Isole nouam tr [ovate] in le parte de l’India: dono Alberto Cantino al S. Duca Hercole.”

El conocido como Alberto Cantino, trabajaba en Portugal como agente encubierto de Hércules I del Este, el Duque de Ferrara, una poderosa ciudad-estado en el norte de Italia.

Los mapas medievales se diseñaban generalmente acompañados de una rosa de los vientos de la cual surgían los trazos que representaban diferentes rutas. Esta información era muy adecuada para la navegación costera. Así equipados con una brújula, los navegantes podían confiar en el litoral como una referencia visual. Sin embargo la navegación transatlántica implicaba abandonar la costa y de este modo, el Planisferio de Cantino da testigo de un momento clave en la historia de la cartografía: la transición a la astronavegación. Se trata del primer mapa en el que se incluyen el ecuador, los trópicos y el círculo polar ártico, además de ser también el primer mapa en el que se ve representado la “Línea de Tordesillas”. Esta, establecida entre la Monarquía hispánica y el Reino de Portugal mediante el tratado de nombre homónimo, recorría el mapa de norte a sur, y establecía la frontera entre territorios españoles y portugueses. Portugal podría reclamar tierras al este de esta línea, mientras que España podría reclamar aquellas al oeste.

La Línea Tordesillas
La línea de Tordesillas, de demarcación, se estableció en 1494 en Tordesillas, España, a través del tratado de nombre homónimo. Delimitó en el Nuevo Mundo, respectivamente de oeste a este, las fronteras entre la Monarquía Hispánica y el Reino de Portugal.
La línea de costa brasileña
Descubierta por el explorador portugués Pedro Álvares Cabral en 1500, puede apreciarse la Línea de Costa brasileña representada en el mapa por loros y la selva tropical.
Las islas del Caribe
Las “Antillas del Rey de Castilla”. Una bandera de Castilla ondea anclada cerca de Santo Domingo, capital de la moderna República Dominicana.

El Planisferio de Cantino ofrece el testimonio de los intentos por concentrar en un mapa un gran abanico de información clave de carácter político, cultural y económico. Así, son apreciables varias ilustraciones sobre la fauna local de distintos emplazamientos: loros grises en el África occidental que contrastan con los coloridos guacamayos representados en América del Sur. También en África se muestran algunos monumentos coloniales como el castillo de São Jorge da Mina, construido en la década de 1480 por Juan II de Portugal, y el cual se convirtió en un importante enclave comercial en el continente africano.

África
Mapa de Africa: Fundado en la década de 1480, el Castillo de São Jorge da Mina, que aún hoy se encuentra en Ghana, desempeñó un papel importante en la trata transatlántica de esclavos.
Las Montañas de la Luna
Aquí aparecen representadas las legendarias Montañas de la Luna, mencionadas por Ptolomeo como la fuente del Nilo, aunque en realidad se encuentran más al sur. 

 

De acuerdo con un documento que narra los viajes del planisferio, el pergamino encargado por Cantino se vería sometido a una serie de peligrosos trayectos. Así, en 1592, fue llevado desde Ferrara a la ciudad italiana de Módena, su contenido estaba desactualizado, sin embargo el mapa todavía era considerado valioso.

A mediados del siglo XIX  fue robado para aparecer unos años más tarde colgado de una carnicería de la ciudad. En la actualidad se conserva con fuertes medidas de seguridad y forma parte de la colección de la Galería Estense de Módena. Un magnífico recordatorio de los primeros esfuerzos de Europa por trazar el mapa del mundo según lo fueron descubriendo.

 

Il primo libro di madrigali

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Mariano Lambea Castro; Mateo Flecha, el Joven (1530-1604). Il primo libro de madrigali. Barcelona : Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Institución «Milà i Fontanals» U.E.I. Musicología, 1988. 53 + 135 p. : partituras. .
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Estudio y edición de “Il primo libro di madrigali”, colección de dieciocho madrigales y un villancico con texto en italiano, publicada originalmente en Venecia en 1568 por el compositor Mateo Flecha, el Joven (Prades, Tarragona, ca. 1530-La Portella, Lleida, 1604).

Entre los compositores españoles que publicaron obras en italiano, destaca la figura de Mateo Flecha, fraile carmelita, apodado el Joven en contraposición a su tío Mateo Flecha, el Viejo. “Il Primo Libro de Madrigali”, dedicado al Emperador Maximiliano II, vio la luz en Venecia, en el año 1568. De esta edición se conservan dos ejemplares: uno en la Bayerische Staatsbibliothek de Munich (signatura Mus Mss 189/15) y otro en la Österreichische Nationalbibliothek de Viena (signatura SA 76 F 28). Para la presente edición se ha utilizado la fuente vienesa.  Cada uno de estos documentos contiene la partitura con la transcripción a notación moderna, el texto poético y un breve comentario musical de cada composición.

El término madrigal, que significa rebaño, en su origen era un canto poético utilizado en Italia en el S.XIV. Los primeros madrigales eran muy sencillos, con estrofas de dos o tres versos y un ritornello final de uno o dos versos. Casi todos los madrigales conservados son a dos voces, donde la voz superior estaba bastante ornamentada, mientras que la voz inferior era más sencilla. Este tipo de madrigal fué desapareciendo a mitad del S.XV. En el S.XVI, el término madrigal se aplicaba a la musicalicación de los poemas profanos, frecuentemente de Petrarca, y compuestos a 3 y 4 voces.

Manual de paleografía de los siglos XVI, XVII y XVIII

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“Es fundamental que las nuevas generaciones conozcan la paleografía (técnica para leer y transcribir textos antiguos) para que realicen investigaciones de primera mano, basadas en los numerosos archivos existentes en el país”, afirmó Isabel González Sánchez, quien trabaja en la elaboración de un manual en la materia.

La paleografía es una técnica que requiere de práctica, y antes de intentar leer un manuscrito se debe dibujar para identificar las letras y poco a poco empezar a descifrar lo escrito. La experta de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) refirió que para aprender paleografía se requiere de paciencia, porque muchas veces, cuando una persona se acerca por primera vez a los documentos del siglo XVII y anteriores, no reconoce el tipo de letra y arguye que el texto está al revés porque se le dificulta comprender, de ahí la importancia del libro que elabora.

El manual, que lleva 60 por ciento de avance, será el primero que publique el INAH sobre paleografía, y contendrá la metodología para leer y transcribir escritos de los siglos XVI, XVII y XVIII, época en la cual se ha especializado Isabel González Sánchez, quien recientemente fue reconocida por la institución por sus 55 años de trabajo.

El volumen describirá las dos formas de transcribir un texto antiguo: la forma literal, es decir, pasarlo tal como está escrito, sin omitir ni cambiar nada, y la moderna, a la cual se le agregan signos de puntuación y se usa generalmente para publicar documentos.

De acuerdo con la especialista, antes de empezar con la lectura y transcripción de un texto antiguo, se debe tomar en cuenta una serie de factores, entre ellos numerar progresivamente cada renglón que contiene la hoja u hojas del manuscrito e identificar sus elementos. En los textos del pasado se acostumbraba colocar líneas diagonales o la rúbrica del escribano en el espacio en blanco, ubicado en el margen superior de la hoja, con lo cual se indicaba que en ese sitio no se debía escribir nada. En el margen izquierdo aparecía el calderón (cuyo símbolo es √), a fin de señalar dónde iniciaba el renglón para hacer la transcripción correspondiente, porque en ocasiones las hojas estaban muy llenas. En el margen superior izquierdo se aprecia el brevete, pequeño resumen de dos a cinco renglones que explica de qué trata el tema o en su caso todo el expediente, pero sólo aparece al inicio del documento.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, en paleografía no se usaban los dos puntos, sino una línea que llena todo el espacio que sobra del renglón, y eso indicaba dos puntos y aparte. Al final de la hoja, si quedaba espacio, se colocaba una S, una línea y otra S para referirse a la terminación del texto de esa foja y que no se debía agregar nada más. Todos estos datos se deben tomar en cuenta al momento de la transcripción, puntualizó la historiadora. Dicha traslación se debe hacer tal como está el documento original, reiteró; sin embargo, para una versión moderna se permite agregar puntuación, signos de interrogación y admiración, así como sangría, pero en ninguno de los dos casos se deben cambiar los nombres de los pueblos, ni los nombres propios ni de las plantas medicinales.


La caligrafía 

Isabel González señaló que la caligrafía se modificó al paso de las centurias. En el siglo XVI se utilizaba la letra cortesana, muy redonda y fácil de leer, pero su dificultad residía en las abreviaturas. En el mismo siglo surgió la procesal, que no es fácil de entender; a pesar de tener un tamaño grande, se extiende mucho hacia la derecha con abreviaturas complejas.

En el siglo XVII se usó la escritura procesal encadenada, que parece un hilo que va unido y es difícil de leer. En el siglo XVIII surgió la humanística, muy sencilla de comprender, pero lo arduo siguieron siendo las abreviaturas de la despedida.

Hace un par de meses, la maestra Isabel González Sánchez impartió el 6° Curso de Paleografía, siglos XVI, XVII y XVIII, en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, en la que los participantes conocieron la forma de realizar transcripciones literales y modernizadas de textos, como “Las formas de tratar las enfermedades a través de la astrología en la Nueva España del siglo XVII”; “Pago de limosnas para misas para aplicar por las benditas ánimas del purgatorio”, Colegio San Fernando de México, 1765, y “Las obligaciones de dos poblados para respetar tierras señaladas para la siembra de maíz”, así como de correspondencias.

La experta también elabora un glosario de términos antiguos que hoy están en desuso, del cual ya tiene 600 hojas.


A lo largo de más de cinco décadas de trabajo en el INAH, la maestra Isabel González ha publicado las investigaciones: Haciendas y ranchos de Tlaxcala en 1712; Los trabajadores alquilados de Tlaxcala para las haciendas foráneas. Siglo XVIII y Haciendas, tumultos y trabajadores en las haciendas de Puebla-Tlaxcala, 1778-1798, entre otros.

Catálogos impresos y bibliotecas privadas en la Europa moderna

Vender y Coleccionar: Catálogos impresos y bibliotecas privadas en la Europa moderna. 

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Angela Nuovo. (2018). Selling & Collecting: Printed Book Sale Catalogues and Private Libraries in Early Modern Europe. (2018) Giovanna Granata, Angela Nuovo (edited by). Macerata: eum. http://doi.org/10.5281/zenodo.1287069

Esta colección de ensayos sobre la distribución y adquisición de libros impresos en los siglos XVI y XVII se basa en las aportaciones realizadas en la conferencia del mismo nombre celebrada en la Universidad de Cagliari en septiembre de 2017. En particular, el objetivo de la conferencia era centrarse en los catálogos de los editores y libreros como prueba de las técnicas de publicidad y venta utilizadas por los agentes del sector del libro. Un tema conexo fue el de las bibliotecas privadas, asociado al creciente fenómeno del acopio de libros, que aseguraba no sólo el consumo y la acumulación, sino también a menudo la conservación, de las obras que circulaban en el comercio del libro.


 

INDICE:

  • Giovanna Granata, Angela Nuovo, Introduction. The development of the book market and book collecting in the sixteenth century.
  • Giovanna Granata, The collection of Monserrat Rosselló in the University Library of Cagliari.
  • Maria Alessandra Panzanelli Fratoni, Building an up-to-date library. Prospero Podiani’s use of booksellers’ catalogues, with special reference to law books.
  • Graziano Ruffini, Une vente de livres à Gênes en 1583.
  • Christian Coppens, Angela Nuovo, Printed catalogues of booksellers as a source for the history of the book trade.
  • Francesco Ammannati, Book prices and monetary issues in Renaissance Europe.
  • Goran Proot, Prices in Robert Estienne’s booksellers’ catalogues (Paris 1541-1552): a statistical analysis.
  • Giliola Barbero, Ordinary and extraordinary prices in the Giolito Libri spirituali sales list.
  • Flavia Bruni, Peace at the Lily. The De Franceschi section in the stockbook of Bernardino Giunti.
  • Pedro Rueda Ramírez, La venta de libros italianos en Madrid en tiempos de Felipe II: el catálogo de Simone Vassalini (1597)

Amoríos del siglo XVI entre damas españolas y un alto clérigo.

La investigadora Patricia Marín Cepeda descubre en una remota abadía italiana medio millar de cartas amorosas entre damas españolas y un alto clérigo del siglo XVI,  el cardenal Ascanio Colonna.

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Retrato del cardenal Ascanio Colonna

Hay constancia de que el clérigo se estuvo carteando de forma paralela entre 1586 y 1608 con al menos cinco mujeres españolas, posiblemente nobles casadas o incluso puede que alguna de ellas fuera religiosa. Todas firmaban con seudónimos extraídos de las novelas pastoriles, muy populares en esa época: Dórida, Lisarda, Marfira, Ninfa Castalia y Henarda, Pastora del Henares. Y él a todas contestaba con igual fervor.

“Gloria no tengo otra sino ser yo tu esclava (…) y saber por momentos de ti”, escribe en una carta una mujer española que se oculta bajo el seudónimo de Henarda, Pastora del Henares. Y otra, muerta de celos, que se hace llamar Ninfa Castalia: “La señora la consada (sic) (…) te quiere más que a su vida y a su alma (…) pero más rabias se haga porque conoce su señoría que a tus ojos no hay otra como tu duquesa”. Lo interesante es que el destinatario es un alto clérigo, el cardenal Ascanio Colonna, miembro de una poderosa familia italiana, que vivió en España cuando era estudiante, en torno a 1580. Fue cuando conoció a las autoras de las efusivas misivas, aunque la relación, por lo que se ve en los escritos, se mantuvo después de ser ordenado.

Parece literatura, alguna de esas notas que se intercambiaban los amantes en las comedias del Siglo de Oro, pero no lo es. Es un verdadero alijo de misivas amorosas inéditas, valiosísimas por lo que cuentan de la vida privada de las mujeres en el siglo XVI, que encontró por azar la investigadora Patricia Marín Cepeda en una abadía remota de Italia.

La investigadora Patricia Marín Cepeda.

Algo que hace muy valiosas las cartas halladas por Patricia Marín Cepeda, investigadora becada por la Fundación BBVA, es que no son literatura, sino que expresan sentimientos reales de mujeres reales del Siglo de Oro. “No hay documentadas muchas, primero porque las mujeres escribían poco y segundo porque generalmente lo que escribían no salía de su esfera más íntima”, explica Marín Cepeda. “Es cierto —añade— que están muy influidas por la literatura amorosa de la época, todos esos tópicos de las novelas de caballería y pastoriles que tanto les gustaban, pero entre esos tropos estoy segura que voy a encontrar expresiones más genuinas y personales”. La correspondencia también servía para hacerse intercambios de regalos. Todo lo que pudiera entrar en un sobre era susceptible de convertirse en presente. Así el cardenal reclama en una de sus cartas el mechón de pelo que le prometió Dórida. Y en otra le agradece la cruz que recibió en pago del rosario que le envió. “Era también frecuente que se enviaran pequeños retratos portátiles pintados al óleo, con forma de medallón, lo que sería una especie de selfie actual”, apunta Marín Cepeda.


FUENTE: El País 2018/07/26