La BGH les desea felices fiestas

En 1553 el impresor Gregorius de Bonte, de Amberes, incluía en su edición de la Cosmografía de Pedro Apiano esta invitación al lector:

Quédate en casa y ahórrate tu dinero; compra una copia de este libro y no lo lamentarás. Si quieres viajar sin preocupación a través del mundo y ver países sin padecer molestias, entonces, compra este libro, porque esto que te cuesta tan poco te satisfará con mucho.

Unos años después, en el diálogo que mantiene con el ama y su sobrina, don Quijote contrapone a los cortesanos con los caballeros andantes. Los primeros se pasean «por todo el mundo mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed», mientras que los segundos «al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies» (II, 6).

Todas estas penalidades son las que, siglo y medio después quiere evitar al lector Henry Holmes a través de su edición del libro de viajes de John Fransham (†1753), cuyo larguísimo título es ya todo un programa: The world in miniature: or, the entertaining traveller. Giving an account of every thing necessary and curious; As to Situation, Customs, Manners, Genius, Temper, Diet, Diversions, Religious and other Ceremonies; Trade, Manufactures, Arts and Sciences, Government, Policies, Laws, Religions, Buildings, Beasts, Birds, Fishes, Plants, Reptiles, Drugs, Cities, Mountains, Rivers, and other Curiosities belonging to each Country. In Two Volumes. Adorned with Figures of the Habits of most Nations in the World; and several curious and useful tables. By Mr. John Fransham, of Norwich (London 1740, primera edición; la que posee la Biblioteca histórica es la de 1767 [BG/140225]).

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Por si el título no fuera bastante, el impresor londinense añade en la portada este poema para convencer al lector de que hojear estas páginas le va a reportar muchos beneficios, con poco gasto, y evitará así los muchos peligros que tiene recorrer el mundo:

Here you may range the world from pole to pole,
Encrease your knowledge and delight your soul;
Travel all nations and inform your sense,
With ease and safety at a small expence;
No storms to meet, no passage sums to pay,
No guide is wanting to direct the way;
No Alps to climb, no desarts here to pass,
No ambuscades, no thieves to give you chace,
No bear to dread, no tyger near to fright,
No flies to sting, no rattle-snake to bite,
No floods to ford, no hurricanes to fear,
No dreadful thunder to surprize the ear,
No winds to freeze, no sun to scorch or fry,
No thrist o hunger, and relief not nigh.

Con estos versos, la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca quiere desear a sus amigos y usuarios unas felices fiestas y un año venturoso en los que la lectura sirva para aumento del conocimiento y deleite del alma.

La biblioteca permanecerá cerrada desde

el día 22 de diciembre hasta el 7 de enero.

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Ilustración que precede a la portada en la edición de 1767 (BG/140225)

 

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El Cartulario llamado de Carlos II rey de Navarra

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Foto presentación del libro

 “Le Cartulaire dit de Charles II roi de Navarre/El Cartulario llamado de Carlos II rey de Navarra”. Lamazou-Duplan, V (dir); Goulet, A; Charon, P. Colección: Corpus Documental para la historia del Reino de Navarra

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Los documentos de este cartulario se refieren tanto a las posesiones francesas y a los solares patrimoniales de un linaje de príncipes franceses de primer orden, como a las estrategias y reivindicaciones de quienes eran, además, reyes de Navarra.

Carlos II, conde de Evreux (1343-1378) y rey de Navarra (1349-1387), es el protagonista más evidente, legando incluso su nombre a este cartulario según consta en el inventario de los Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos, pero también están presentes otros miembros de las familias reales francesas y navarras, así como los avatares relativos a tierras y hombres, desde Normandía hasta Navarra.


Cartulario

Libro de archivo de actuaciones, también denominado “becerro” o “tumbo” debido a la piel con la cual estaba encuadernado o al modo en que era dispuesto debido a su gran tamaño. El término proviene del latín chartularium, de chartula, escritura pública. Eran utilizados por las corporaciones medievales, iglesias, instituciones religiosas y comunidades para la copia o registro de privilegios. Exenciones, contratos, escrituras de pertenencias, etcétera.

Los cartularios han sido de un inestimable valor para los historiadores debido a la autenticidad de los asientos que en ellos se registraban, que a su vez era el objeto de su razón de ser.

La nobleza peninsular en la Baja Edad Media.

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Discurso, memoria y representación : La nobleza peninsular en la Baja Edad Media. Actas de la XLII Semana de Estudios Medievales de Estella-Lizarra (21 al 24 de julio de 2015). Pamplona: Gobierno de Navarra, 2016. ISBN: 978-84-235-3412-8. DESCARGAR PDF — Enlace alternativo


La 42a. edición de la Semana de Estudios Medievales de Estella-Lizarra aborda el tema de la nobleza peninsular en la baja Edad Media. Acotó el análisis a la península ibérica para mostrar los trabajos en marcha a partir de nuevas fuentes, contenidos y argumentos y plantear, en diálogo con las ideas y proyectos desarrollados en el ámbito europeo, nuevas propuestas de estudio para el futuro. Se adoptaron como referencia tres conceptos clave que presiden el título de la Semana: discurso, memoria y representación.
Las sesiones discurrieron en torno a tres ejes principales. El primero se articuló alrededor las propuestas de ámbito europeo. El segundo eje estuvo dedicado a distintos aspectos relacionados con los elementos más característicos asociados a la nobleza: el parentesco, el patrimonio y el poder. El tercer eje se refirió a los modelos y valores nobiliarios.

Codex Sinaiticus : la Biblia más antigua.

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Consulta virtual.

El Códice Sinaítico o Codex Sinaiticus es un manuscrito del siglo IV (años 330 – 350)  que contiene la copia completa más antigua del Nuevo Testamento aunque originalmente contenía la totalidad de ambos Testamentos, pero solo han llegado hasta nuestros días trozos de la Septuaginta, la totalidad del Nuevo Testamento, la Epístola de Bernabé y fragmentos de El Pastor de Hermas.

Gracias a los adelantos tecnológicos, desde hace unos años se puede consultar por Internet y con alta resolución las más de 800 páginas y fragmentos que se conservan de la considerada Biblia más antigua del mundo . Escrito en griego sobre hojas de pergamino por varios escribas y cuyo texto se revisó y corrigió a lo largo de los siguientes siglos.  Podrá accederse desde cualquier parte del mundo (http://www.codexsinaiticus.org/). a las imágenes digitales en alta resolución de las páginas de ese libro.

El codex se encuentra dividido en cuatro trozos desiguales, cada uno de ellos situado en un punto distinto del mapa. El bloque más importante lo forman las 347 hojas de la Biblioteca Británica en Londres (con el Nuevo Testamento al completo), 12 hojas y 14 fragmentos en el Monasterio de Santa Catalina (Monte Sinaí, Egipto) (los encontrados en 1975) que son además los del inicio y final del Códice, 43 hojas en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig, desde 1844 y por último fragmentos de 3 hojas en la Biblioteca Nacional de Rusia, en San Petersburo.

La reunificación virtual del Codex Sinaiticus marcó la culminación de cuatro años de estrecha colaboración entre todas esas instituciones,

El proyecto  permite a los estudiosos de todo el mundo profundizar en el texto griego, que se ha transcrito en su totalidad con referencias cruzadas, que incluyen la transcripción de las numerosas revisiones y correcciones posteriores. También permitirá a los investigadores examinar la historia del libro como objeto físico, estudiar la textura y manufactura del pergamino. La versión digital no se limita a la reproducción del texto, [en scriptio continua (estilo de escritura en el que no se utilizan espacios para separar las palabras) y con caligrafía uncial ( tipo de escritura en el que todo el texto se escribía en letras mayúsculas)], sino que permite modificarlo como una película digital, con la posibilidad de mover párrafos e intercalar la transcripción griega y la traducción alemana.

El códice, tal vez el libro encuadernado más antiguo que ha sobrevivido hasta nuestros días, era enorme: el número final de folios se calcula por encima de los 730 por lo que su encuadernación tuvo que ser de una resistencia considerable. Cada uno de los folios medía 40,6 centímetros de alto por 35,5 de ancho. Para su producción se necesitaron al menos la piel de 365 animales.

“El Codex Sinaititucs es uno de los mayores tesoros escritos del mundo. Marca el triunfo definitivo de los códices encuadernados sobre los pergaminos”, comentó Scot McKendrick, director del departamento de manuscritos occidentales de la Biblioteca Británica. “Permite estudiar el desarrollo de la temprana cristiandad y ofrece material documental de primera mano sobre cómo se transmitió la biblia de generación en generación”, dijo McKendrick. “El proyecto ha permitido determinar que un cuarto escriba – además de los tres ya reconocidos- trabajó también el texto”, señaló el director de la Biblioteca Británica. Según McKendrick, “la disponibilidad del manuscrito virtual para su estudio por los expertos de todo el mundo crea oportunidades de colaboración investigadora que habrían sido imposibles hace sólo unos años”.

Un “best seller” en el s. XIV

Aunque se trata de una obra muy alejada del currículo que se estudiaba en la Universidad de Salamanca en los últimos años de la Edad Media, la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca presume de albergar una de las tres copias existentes del manuscrito del “Libro de Buen Amor”, una de los principales testimonios de los inicios de la lengua y la literatura castellanas.

Libro de buen amor Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Códice en lengua vulgar, sin grandes lujos, escrito en buen papel, con tinta negra y letra gótica cursiva del que destacan sus encabezamientos, rúbricas y calderones en rojo, así como los dibujos de manos, perfiles o animales en los márgenes.

Escrito en las primeras décadas del siglo XIV por Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, el “Libro de Buen Amor” representa la evolución de los contenidos de los textos que se copiaban manuscritos, que pasan a utilizar las lenguas romances y a tener carácter literario, estén escritos en verso o en prosa. aunque en sus más de 1.700 estrofas predomina la métrica propia del mester de Clerecía, la obra tiene un prólogo en prosa con el que quizás el Arcipreste de Hita trató de darle un aire más serio a un libro que narra las peripecias amorosas, supuestamente, del autor. Lo cierto es que el escritor juega a la ambigüedad, por lo que no sabemos si su propósito era ejemplarizante o si quería divertir, ya que el tono irónico y burlesco es constante a lo largo de la obra.

“…hice este pequeño escrito en muestra de bien, y compuse este nuevo libro en el que hay escritas algunas mañas, maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo, del que se sirven algunas personas para pecar. Y al leerlas y oírlas el hombre o la mujer de buen entendimiento, que se quiera salvar, elegirá y hará el bien (…). No obstante, como es cosa humana pecar, si algunos quisieran, no se lo aconsejo, servirse del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello”.

Libro de Buen Amor (Arciprete de Hita)
 Scripta. Exposición en la BNE y Casa Museo Unamuno en 2017

Como recuerda Oscar Lilao, jefe de Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica, sólo hay tres manuscritos medievales de la obra: el más antiguo, de finales del s. XIV, se conserva en la Real Academia española y es conocido como manuscrito de Gayoso ; el de Toledo, de principios del s. XV custodiado en la BNE ; y el de Salamanca, también del s. XV.

La importancia del códice de Salamanca radica en que es el más completo de los existentes, ya que parece que su copista, el humanista Alfonso de Paradinas, completó o corrigió la obra en base a los otros dos manuscritos. Alfonso de Paradinas (Paradinas de San Juan, Salamanca, 1395 – Roma,1485), colegial de San Bartolomé, fue catedrático de la Universidad de Salamanca y obispo de la Orden Carmelita, lo que le llevó a participar en numerosos encuentros en tiempos de Juan II y su valido Alvaro de Luna. Con sólo 28 años ya estaba en Roma tomando decisiones como secretario apostólico y como auditor del Sacro Palacio en la Curia Pontificia.

Todo un ‘best seller’ escrito en el s. XIV, aunque probablemente en aquella época su importancia fue mucho menos, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los grandes hitos de la literatura española.

Arcipreste de Hita
Tesoros de la Biblioteca Histórica. La Gaceta (07/04/2018)

La historia medieval en España. Un balance historiográfico

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La Historia Medieval en España. Un balance historiográfico (1968-1998) : Actas de la XXV Semana de Estudios Medievales de Estella (14 al 18 de julio de 1998). Pamplona: Gobierno de Navarra, 1999. DESCARGAR PDF


La Semana de Estudios Medievales de Estella representa, sin duda, una consolidación de este prestigioso foro de medievalismo al que acuden expertos en cada uno de los campos de análisis atendidos, procedentes de los centros de investigación más relevantes dentro y fuera de España. En esta ocasión, el Comité Científico se planteó la realización de un balance historiográfico; el objetivo consistía en acometer un acercamiento profundo y constructivo hacia el estado actual del medievalismo español.

Destacamos la ponencia de Nicasio SALVADOR MIGUEL, Una cultura del libro. La literatura medieval española (1968-1998), 

Atlas del Rey Planeta.

Una obra maestra de la cartografía que retrata la costa española fue fruto del trabajo que el portugués Pedro Teixeira acometió desde 1622, un trabajo titánico de trazar los principales puertos de España e Portugal. Trabajo encargado por el Rey Felipe IV, el penúltimo Austria y último que gobernó conjuntamente los dos países ibéricos, su nivel de detalle, su peculiar estilo y su perspectiva fueron las que aportaron  fama a esta obra, a pesar de estar perdida durante siglos.

Fisterra. Teixeira
Fisterra

Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos, fue publicada en 1634 en Amberes y viene a ser el  Google Earth de la Edad Moderna. Sabemos que, para realizar su obra, Teixeira inició viaje en 1622 en Hondarribia (Guipúzcoa) y dió la vuelta a la península Ibérica, legua tras legua, hasta terminar en la costa mediterránea. Por desgracia, no se conserva ningún documento sobre su periplo, pero nos queda su obra. Por lo que respecta al elemento gráfico, la radical originalidad de este Atlas estriba en esa perspectiva oblicua empleada en sus imágenes «a vista de pájaro», que simulan la vista aérea, y en la obsesión por la información realista. Todo ello viene a suponer una especie de anticipo de lo que serán los famosos derroteros marítimos e incluso un precedente de la fotografía.

Como datos anecdóticos que el Atlas ofrece, digamos que la riqueza de Andalucía se describe como la quintaesencia de la riqueza general española del momento, que el mapa del territorio murciano es el primero que se conoce de esa región y que la preciosa vista de Alicante tiene toda la categoría de una auténtica obra de arte en la que encontramos, junto a diversas figuras humanas, un delicioso conjunto de embarcaciones de todo tipo que merece la pena observar con atención.

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Vista de Alicante

El arte de Pedro Teixeira (Lisboa, 1595-Madrid, 1662) viene de familia. Su padre, Luís Teixeira, era también geógrafo y había participado en los Descubrimientos portugueses. Su hijo se inclinó primero por la artillería, para pasar a ser experto en fortificaciones militares y, desde la arquitectura y la geometría, pasó a la geografía.

Pedro Teixeira fue discípulo de Joao Bautista Lavanha, también portugués y profesor en la  Real Mathematica de Madrid, a quien Felipe IV encargó primeramente la elaboración de estos mapas, aunque finalmente fue Teixeira quien los llevó a cabo. Felipe IV pretendía tener una descripción precisa de los principales puertos de su reino y, para hacerlo posible el geógrafo recorrió durante siete años toda la costa de la Península Ibérica entre 1622 e 1629. Luego, invirtió  otros cinco años en trasladar a un atlas de 173 páginas manuscritas, de 35×44 centímetros todas sus experiencias por las costas de España. Le llamaría Atlas del Rey Planeta, en honor a Felipe IV, con el subtítulo Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos,  que presentó en el año 1634 maravillando al monarca, quien más tarde le encargaría el primer gran plano de Madrid, a  “Mantua Carpetanorum sive Matritum Urbs Rexia”, de 1656. Con el tiempo se envió a Viena, donde el paso de los años lo condenó al olvido durante siglos, hasta aparecer y convertirse en una de las grandes joyas de la escasa cartografía española.

 

Los mapas habrían seguido sepultados en el olvido vienés de no ser por el trabajo, secundado por la buena suerte, de Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid y de Felipe Pereda, profesor de la misma facultad. Ambos hicieron un viaje a Viena buscando dibujos de ciudades del siglo XVI, trabajos españoles que se conservan en la capital austríaca, donde hay un conjunto muy importante. Allí, en un cuaderno de gran tamaño, policromado, sobre papel verjurado (aunque durante años se ha publicado que era vitela) aparecieron los mapas. Apenas había noticia y documentación sobre su existencia.

El valor de este hallazgo fue muy importante ya que ofrece una documentación preciosa sobre la España del s. XVII, ya que nuestro país, que ha destacado en muchos campos, no se ha representado muy bien a sí mismo en el campo de la cartografía. Estos mapas permiten conocer las costas españolas de la época, por primera vez con este detalle, aunque ya aparecía la información en algún manuscrito. Permiten el conocimiento del pasado, su belleza artística nos ofrecen un disfrute visual ya que la razón fundamental por la que fueron creados, el interés militar, ya se ha perdido.

Muros y Noia
Muros y Noia

Conviene aclarar, no obstante, que existen dos versiones más de este texto: una en Madrid, en la Biblioteca Nacional, y otra en Londres, en la British Library. Incluso, según estudios recientes, habría una cuarta en Roma, en la Biblioteca Casanatense.


Felipe Pereda ; Fernando Marías. De la cartografía a la corografía: Pedro Texeira en la España del Seiscientos. Ería, 64-65 (2004), págs. 129-157. DESCARGAR PDF

Os mapas da costa galega de Pedro Teixeira. 1634. Alfredo Vigo Trasancos (dir.); Jesús Ángel García y Miguel Taín Guzmán (coord.). Consello da Cultura Galega. 41 p. DESCARGAR PDF