“Dioscórides”, la gran obra sobre farmacología.

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Acceso a la Edición interactiva

Es momento de adentrarse en las propiedades de las plantas y en la belleza de la literatura.

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Dioscórides Pedaneo

Pedanio (o Pedacio) Dioscórides fue un médico, farmacólogo y botánico de la antigua Grecia. Su obra “De Materia Médica” se convirtió en un manual de referencia en la Edad Media y el Renacimiento. Ese manuscrito del “Dioscórides” protagoniza este reportaje, un repaso por la historia de un personaje fundamental en la concepción de la farmacopea y a la vez por ser una obra de gran belleza.

Del siglo I d.C., hay quien asegura que Dioscórides pudo trabajar a las órdenes de Nerón, conocido emperador romano. En “De Materia Medica”, este naturalista, probablemente médico militar, plasmó su amplio saber farmacológico centrado en el uso médico de las plantas, pero no solo, ya que en los cinco capítulos en los que se divide el libro se describen cerca de 600 plantas medicinales, 90 minerales y 30 sustancias procedentes de animales venenosos. Además, acompañando al texto hay detallados dibujos coloreados que ilustran los apuntes que hace el autor sobre su cultivo y propiedades curativas, pero también afrodisíacas e incluso mágicas.

La autoridad de Dioscórides fue tal que la obra se mantuvo como un referente con el paso de los siglos y tuvo un gran auge en la Edad Media, cuando se copió repetidamente. Así lo destaca Margarita Becedas, directora de la Biblioteca General Histórica, donde se custodia un manuscrito del “Dioscórides ” del siglo XV escrito en griego como el original. 

Entre los Dioscórides de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, se encuentran un manuscrito, la edición incunable de Aldo Manuzio y una traducción castellana de Andrés Laguna.

Lo cierto es que hay otras copias posteriores en latín y también en castellano, lo que demuestra que el contenido de la obra estuvo vigente mucho tiempo, aunque en algunas copias se incluyeron correcciones y comentarios. En el caso del manuscrito de Salamanca se acompaña de algunos tratados de Galeno.

El “Dioscórides” no necesita presentación, pero la copia de Salamanca no es un manuscrito al uso. Está elaborado en papel de gran calidad, muestra de ello es que el colorido de los numerosos dibujos en los márgenes de las páginas se conservan en perfecto estado. La investigadora Teresa Martínez Manzano defiende que fue Juan de Corona (Juan Mosco) quien copió la obra a finales del siglo XV, probablemente en Corfú, isla griega del mar Jónico muy vinculada al poder veneciano. Además, se considera que el manuscrito que atesora la Biblioteca Histórica fue consultado por Aldo Manuzio para la elaboración de la primera edición impresa, también en griego, en el año 1499.

Otra de las cualidades a destacar del texto de Salamanca es su elegante caligrafía, líneas uniformes y amplios márgenes que, en este caso, no se utilizaron para realizar anotaciones. Lo que, según comenta Óscar Lilao, jefe del Fondo Antiguo de la Biblioteca General Histórica, no significa que no fuese utilizado, sino que por su belleza, quien lo consultó prefirió no apuntar nada. Pero no hay que equivocarse, pese a su gran belleza, no fue una copia de lujo, sino un libro para su estudio.

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¿Y cómo llegó a Salamanca?

Procede del Colegio de San Bartolomé, sin embargo, no hay constancia de en qué momento llegó, ya que no está en los inventarios de la época de Anaya porque es posterior, pero tampoco en otro posterior de 1550 que se conserva. La propuesta de Teresa Martínez Manzano, experta en el fondo griego manuscrito, es que pudo ser donado por un colegial, Francisco Mendoza y Bobadilla, que fue obispo de Burgos y estuvo mucho tiempo en Italia, como embajador de Carlos V, y aprovechó los viajes para adquirir manuscritos o copiarlos. En este sentido, Óscar Lilao recuerda que buena parte del fondo antiguo griego que se conserva en Europa fue gracias a esa práctica por los eruditos que se traen las obras de Oriente a Occidente, de hecho así se formó la valiosa colección griega que atesora la Biblioteca de El Escorial.

No destaca esta obra por ser única. La trasmisión manuscrita del texto de Dioscórides fue enorme, como sucede con las obras de grades autores, como Aristóteles, que fueron muy difundidas en la Edad Media. De hecho, en la Biblioteca Histórica del Estudio está uno de los manuscritos más bellos del “Dioscórides”, pero también presume de contar en su fondo con dos ejemplares del incunable de Aldo Manuzio, uno de ellos propiedad de Hernán Núñez, el Pinciano, anotado de principio a fin. “Un dato de riqueza de nuestra Biblioteca”, apunta Margarita Becedas.

Por su influencia el “Dioscórides”, no sólo se tradujo muy pronto al latín, sino que también al castellano, lo que sucedió en el siglo XVI. Andrés Laguna, un médico humanista de la época, fue el que llevó a cabo esta importante traducción que supuso, además, un gran paso para el desarrollo del vocabulario científico en lengua castellana. La primera edición se publicó en Amberes en 1555 pero la importancia de la obra, y de su traducción al castellano por Laguna, fue tal que se imprimieron 22 ediciones hasta finales del siglo XVIII y entre ellas hay cuatro salmantinas del siglo XVI. También la Biblioteca cuenta con copias del texto en castellano.

Pero la historia no termina aquí. Ya en el siglo XXI, se llevaron a cabo ediciones facsimilares de  la obra, primero la Universidad con la colaboración de Caja Duero, y luego la institución académica en solitario (no es facsímil, sino la traducción acompañada de un estudio multidisciplinar) que forma parte de la edición interactiva disponible en la web hhtp://dioscorides.usal.es.

 

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Memoria del mundo: entrega de diplomas.

Diploma Memoria del Mundo

El lunes 28 de mayo el Paraninfo de la Universidad de Salamanca acogió la entrega de diplomas acreditativos de la inclusión en el Registro Internacional de la Memoria del Mundo de la UNESCO a diversas instituciones por su trabajo de conservación y difusión de bienes documentales de incalculable valor.

Diploma Memoria del Mundo UNESCO
Margarita Becedas, directora de la Biblioteca Histórica de la Univ. de Salamanca recogiendo el diploma acreditativo

El rector de la Universidad de Salamanca, Ricardo Rivero; la consejera de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, Josefa García Cirac; el director de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, Luis Lafuente, y la delegada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Castilla y León, Mar Siles, entregaron este lunes en el Paraninfo los diplomas acreditativos de la inclusión en el Registro Internacional de la Memoria del Mundo de la UNESCO a los bienes del Patrimonio Documental Español inscritos en el año 2017.

La distinción ha sido concedida a los Archivos de la Corona de Aragón y Simancas, la Biblioteca Nacional, al Instituto Ramón y Cajal del CSIC, a los propietarios de los archivos de los discípulos del Nobel aragonés, al Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela y otras copias medievales del Liber Sancti Jacobi, entre las que se encuentra la de la Universidad de Salamanca.

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Con once candidaturas aprobadas por la UNESCO, España forma parte del grupo de países con mayor número de documentos incluidos en este grupo. La inscripción de todos estos documentos en el Registro Internacional de la Memoria del Mundo supone el reconocimiento de su valor excepcional, su significado universal y refrenda la importancia y relevancia internacional del Patrimonio Documental español y el compromiso de las instituciones culturales y administraciones públicas para seguir trabajando en su conservación y difusión internacional.

 

El origen salmantino del Calendario Gregoriano

Un cambio que alteró la historia : el 4 de octubre de 1582 entró en vigor el calendario gregoriano, norma de control del tiempo civil y religioso de toda la cristiandad, sustituyendo al almanaque juliano creado por Julio César 46 años antes del nacimiento de Cristo que estaba desfasado respecto a las estaciones. 

Calendario Gregoriano Salamanca
Calendario gregoriano

Pocos saben que profesores de la Universidad de Salamanca participaron en la historia de intrigas, papas, reyes y científicos que desató el cómputo del tiempo en el s. XVI. Una contribución oculta hasta hace pocos años, cuando la profesora de Historia Moderna Ana María Carabias sacó a la luz el libro «Salamanca y la medida del tiempo», donde se demuestra que quienes realmente fijaron las bases del actual calendario gregoriano fueron profesores del Estudio salmantino y no el italiano Luigi Lilio, como se creía hasta la fecha.

Según ha explicado la autora, regía el calendario juliano, que ya contemplaba los años de 365 días y el ajuste con una jornada añadida cada cuatro ejercicios (año bisiesto), pero seguía habiendo un retraso que era digno de estudio. La Iglesia del momento estaba «preocupada» por no poder «domesticar» el tiempo y no tenerlo reglado de una manera más exacta. Entonces, en 1515, recibió un informe redactado en Salamanca en el que se apuntaba que los científicos firmantes no estaban de acuerdo con el sistema elegido.

La cúpula eclesiástica del momento hizo caso omiso a ese análisis, de ahí que actualmente se desconozca su paradero, pero continuó con su búsqueda para calibrar mejor el tiempo. De ahí que en 1578 la Universidad de Salamanca volviese a mandar un segundo informe en el que se incorporaba el primer documento remitido décadas antes.

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Ana María Carabias Torres. Salamanca y la medida del tiempo. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2012

En aquel momento, según ha explicado la historiadora Ana María Carabias, sí se tuvieron en cuenta esas apreciaciones y se impulsó el cambio en el calendario con la bula «Inter Gravissimas» del Papa Gregorio XIII, que dio paso al calendario gregoriano. «Esa reforma de 1582 fue indiscutiblemente el inicio de la globalización mundial, al imponer una fecha y hora al mundo», y ese proceso que «se inició en Salamanca» sigue actualmente vigente», ha añadido la autora del texto.

El segundo documento de la Universidad de Salamanca, de 1578, se guarda en la Biblioteca Apostólica Vaticana y ahí una copia autorizada en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, que se reproduce en el libro. Del primer legajo, el del 1515, se desconoce su paradero, «es el único que falta de los archivos secretos vaticanos», porque entonces no se le dio valor y pudo perderse entre aquellos expertos del momento que lo consultaron, ha aseverado la autora de «Salamanca y la medida del tiempo».

La propuesta de los expertos de la Universidad de Salamanca fue: como el año solar sobrepasaba poco más de 10 minutos y cuatro segundos al año eclesiástico, y puesto que las tablas alfonsíes ponían de manifiesto que el calendario juliano adelantaba 1 día cada 134 años, había que suprimir un día de cada mes durante un año cualquiera, menos de febrero. De esta forma el equinoccio verdadero volvería al 21 de marzo. Además, se continuaría estableciendo una anulación de la intercalación del año bisiesto cada 304 años, así como la omisión de un día bisiesto cada 152 años. Este último cálculo es el más importante de las aportaciones que hicieron los profesores de Salamanca porque nunca nadie había propuesto una medida tan precisa.

Gregorio XIII
Gregorio XIII

‘Del aula al escaño’ : exposición

El hall de la tercera ampliación del Congreso de los Diputados, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, acoge  la exposición ‘Del aula al escaño. 800 años de la Universidad de Salamanca y 40 de la Constitución de 1978’, incluida en la programación del VIII Centenario. Puede visitarse de lunes a viernes de 10 a 20 horas hasta el próximo 13 de julio.

Cartel de la Exposición 'Del aula al escaño' 800 años de la Universidad de Salamanca y 40 de la Constitución de 1978

La propuesta, inaugurada este jueves por el rector Ricardo Rivero, y la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, sitúa al Estudio salmantino en el trayecto del complicado camino a la democracia y ensalza la trascendente labor realizada por sus estudiantes a lo largo de los siglos. En esa línea, remarca las figuras de alumnos de Salamanca sin cuya aportación, a buen seguro, el sistema democrático no hubiera alcanzado los actuales niveles de madurez.

Durante su intervención, Rivero apeló a la concordia, “trasladada también a esta exposición” y apuntó que el VIII Centenario de la Universidad de Salamanca “supone una ocasión perfecta para reivindicar un modelo constitucional que nos hace mucho más libres y mucho mejores”.

Seis apartados

La muestra se compone de cerca de 150 referencias, entre documentos, pinturas, objetos e imágenes, aportadas por la propia Universidad de Salamanca, el Congreso de los Diputados, el Senado, el Centro Documental de la Memoria Histórica y la Filmoteca de Castilla y León junto a algunos préstamos de particulares.

‘Del aula al escaño’ se divide en seis apartados que diseccionan el pasaje hacia la democracia a lo largo de los siglos y el importante papel que la Universidad de Salamanca va jugando en cada uno de esos trascendentales episodios históricos. Así, y tomando como punto de partida la Escuela de Salamanca, profundiza también en las reformas ilustradas de finales del siglo XVIII y transita por las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, cuando la institución académica ha conseguido superar los riesgos de desaparición planteados por el centralismo liberal, cuenta con representación propia en el Senado y con mayor protagonismo gracias al rectorado de Unamuno, el hombre que lideró el tránsito del liberalismo a la democracia, un mérito que se le reconoce con una sección propia en ‘Del aula al escaño’.

Comisariada por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, Mariano Esteban, la muestra integra un apartado sobre el delicado camino hacia el tránsito democrático vivido en el siglo XX en nuestro país y capitaneado, entre otros, por ilustres alumnos de la Universidad de Salamanca como el siempre recordado Adolfo Suárez. Se detiene, además, en los lazos entre Universidad de Salamanca y Constitución, evidentes no solo por detalles como la presencia del rector Muñoz Torrero como impulsor de la Carta Magna de 1812, la Pepa, sino por aspectos como la elección de los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía, quienes legitimaron el destacado papel de la Universidad de Salamanca en todos estos años eligiéndola para la apertura del curso académico 1976-1977, el primero de su reinado.

Inauguración del curso académico 1976-77 por SS. MM. los Reyes de España. Foto: Candy

En primera persona

La exposición se complementa con la proyección de un video –producido por USAL TV- en el que cuatro protagonistas de este proceso relacionados con Salamanca y su Universidad (Marcelino Oreja, Alberto Estella, Salvador Sánchez Terán y Ciriaco de Vicente) ofrecen testimonios en primera persona respecto al papel que les tocó asumir en el periodo de Transición hacia la ratificación definitiva de la Carta Magna aprobada en 1978.

 

 

Del medievo al futuro: 800 años en la Universidad de Salamanca

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El bibliotecario Eduardo Hernández, con un ejemplar del manuscrito de ‘El Libro de buen amor’ . (Fot. NAVIA)

Del medievo al futuro: 800 años en la Universidad de Salamanca

Juan Antonio González Iglesias
Ciencias y letras conviven desde la Edad Media en la Universidad de Salamanca, la más antigua de Europa, junto a Bolonia y Oxford. Un microcosmos donde se sentaron las bases del derecho internacional y hoy se avanza en bioquímica. Orgullosa del pasado y asomada al futuro, la casa de estudios celebra su 800º aniversario recordando a Fray Luis y esperando a Bob Dylan.

 

VIDEO EN 360º

 

“Si hay una universidad que equivale a su biblioteca, esa es Salamanca. Su Biblioteca Antigua parece una serie infinitesimal del tiempo, libro a libro. Cuando visitemos cualquiera de las bibliotecas públicas que ahora conforman una espléndida red tenemos que recordar que aquí empezó todo. La salmantina fue la primera biblioteca pública del Estado, por decreto de Alfonso X el Sabio, y la primera biblioteca universitaria de Europa. Sus estanterías dieciochescas recuerdan mucho a la cercana Plaza Mayor, y su rectángulo contiene, como proclama el sello de la universidad, lo mejor de todos los saberes. El derecho, la medicina, la filosofía o la retórica conviven con las matemáticas, la astronomía y la música, que ya en la Antigüedad iban de la mano. Los volúmenes en latín, que fue la lengua total de la cultura, dieron paso gradualmente a los tratados en las lenguas modernas. Códices admirables, incunables únicos y ediciones príncipe suman un estable tesoro, si podemos usar las palabras de Paul Valéry. En él entraron también los llamados libros redondos, que así es como Torres Villarroel tuvo que ­etiquetar los globos terráqueos.”

A imagen y semejanza. Ediciones facsimilares

 

A IMAGEN Y SEMEJANZA : Ediciones facsimilares del fondo universitario. Universidad de Salamanca. Escuelas Menores, Sala Cielo de Salamanca
A partir del 19 de diciembre de 2017
Lunes a sábado de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h. Domingos y festivos cerrado.


FACSÍMIL : Del latín fac “haz”, 2.ª persona de singular del imperativo de facĕre “hacer”, y simĭle “semejante”.
Perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc.

Las llamadas bibliotecas históricas, como la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca, son centros de investigación con dos funciones primordiales en eterno equilibrio: custodiar y difundir el patrimonio bibliográfico de la institución a la que pertenecen.

Custodiar, para preservar los libros y mantenerlos en buen estado, de modo que las generaciones futuras sigan disfrutando del patrimonio legado por nuestros antepasados.

Difundir, para dar a conocer el patrimonio bibliográfico tanto a los investigadores especializados como a la sociedad en general, contribuyendo así al desarrollo de la investigación y al enriquecimiento cultural.

Uno de los métodos más efectivos para la difusión del patrimonio bibliográfico son las ediciones facsimilares. Como nos recuerda la Real Academia Española en la definición que encabeza este texto, etimológicamente la palabra “facsímil” significa “hazlo igual”. Por tanto, a través de la fiel reproducción de un libro podremos acercarnos a su esencia, estudiar su texto y disfrutar de su materialidad, sin que los libros originales tengan que ser manipulados y expuestos a riesgos de conservación.

Los facsímiles pueden basarse en originales manuscritos o impresos de muy diversos tipos: desde obras sencillas y sobrias, pero con un texto interesante o inédito, hasta ejemplares exquisitos y brillantes que hacen de su réplica también un objeto de lujo, codiciado a su vez por coleccionistas.

Por su interés textual, bibliográfico o artístico, varios manuscritos e impresos de la Biblioteca General Histórica han sido objeto de ediciones facsimilares, acompañadas de su correspondiente estudio. A veces la iniciativa parte de la propia Universidad, que los publica bien en solitario bien en co-edición con otra institución o empresa. En estos casos, la editorial universitaria encarga el estudio y la traducción o transcripción, mientras que habitualmente la Biblioteca General Histórica se encarga de proporcionar imágenes de alta resolución.

Pero, en otras ocasiones, son instituciones o empresas especializadas ajenas a la Universidad quienes solicitan autorización para editar un facsímil de algún ejemplar. En estas circunstancias, los editores deben firmar un convenio con la Universidad de Salamanca, donde se plasman todas las condiciones, técnicas y económicas, así como el procedimiento que debe seguirse por ambas partes para asegurar un buen resultado final. En ningún caso el libro original sale de la Biblioteca.

En esta microexposición se puede apreciar el interés y la calidad material de algunos de los facsímiles realizados a partir de ejemplares conservados en la Biblioteca General Histórica de Salamanca.

La colección completa de facsímiles puede consultarse en: https://bibliotecahistorica.usal.es/es/colecciones/facsimiles

 

 

‘Chronicon mundi’ y la creación de la Universidad de Salamanca

En otoño del año 1218 corrían tiempos de Reconquista, y el rey Alfonso IX de León constituyó las Escuelas de Salamanca, la Universidad más antigua de España en activo.

Pocos años después, entre 1230 y 1237, el canónigo Lucas de Tuy dejó constancia de su fundación en el ‘Chronicon mundi’, una crónica de la época que firmó a encargo de la reina Berenguela, hija del rey Alfonso VIII de Castilla, segunda esposa de Alfonso IX de León y madre de Fernando III El Santo.

Chronicon mundi
Lucas de Tuy, Chroniconmundi. Siglo XIII (ca. 1237) Ms. 2248

Esta obra está dividida en cuatro libros. Los tres primeros recorren desde la creación, con amplia parada en los reyes godos, hasta la conquista peninsular de los pueblos árabes. Es en el cuarto tomo en el que habla de la Reconquista y donde aparece la ‘constituit scholas fieri Salamanticae’, tal y como recuerda el catálogo de la exposición ‘Scripta. Tesoros manuscritos de la Universidad de Salamanca‘, una muestra que se puede ver actualmente en la Casa Museo Unamuno de Salamanca.

La copia más antigua conocida del texto de Lucas de Tuy descansa en los fondos mejor guardados de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca (USAL), un ‘tesoro manuscrito’ que, de manera excepcional y con motivo del octavo centenario de la fundación del Estudio Salmantino, se ha podido ver en primavera en la Biblioteca Nacional, en Madrid, y ahora en la Casa Museo Unamuno. El volumen, testigo del origen de la Universidad en España, es un escrito sobre pergamino con letra gótica libraria a dos columnas, que procede del Colegio San Bartolomé y que pasó a formar parte de las piezas más codiciadas y representativas de los fondos de la USAL.

Tras la fundación de las escuelas de Salamanca, llegarían otras universidades a España y, ya en tiempos de los viajes a América, la USAL sirvió de ejemplo para el origen de las primeras instituciones académicas de Educación Superior en Iberoamérica, con las que muchas, a día de hoy, sigue teniendo una relación hermanada.

Fuente: http://www.20minutos.es