Un “best seller” en el s. XIV

Aunque se trata de una obra muy alejada del currículo que se estudiaba en la Universidad de Salamanca en los últimos años de la Edad Media, la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca presume de albergar una de las tres copias existentes del manuscrito del “Libro de Buen Amor”, una de los principales testimonios de los inicios de la lengua y la literatura castellanas.

Libro de buen amor Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Códice en lengua vulgar, sin grandes lujos, escrito en buen papel, con tinta negra y letra gótica cursiva del que destacan sus encabezamientos, rúbricas y calderones en rojo, así como los dibujos de manos, perfiles o animales en los márgenes.

Escrito en las primeras décadas del siglo XIV por Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, el “Libro de Buen Amor” representa la evolución de los contenidos de los textos que se copiaban manuscritos, que pasan a utilizar las lenguas romances y a tener carácter literario, estén escritos en verso o en prosa. aunque en sus más de 1.700 estrofas predomina la métrica propia del mester de Clerecía, la obra tiene un prólogo en prosa con el que quizás el Arcipreste de Hita trató de darle un aire más serio a un libro que narra las peripecias amorosas, supuestamente, del autor. Lo cierto es que el escritor juega a la ambigüedad, por lo que no sabemos si su propósito era ejemplarizante o si quería divertir, ya que el tono irónico y burlesco es constante a lo largo de la obra.

“…hice este pequeño escrito en muestra de bien, y compuse este nuevo libro en el que hay escritas algunas mañas, maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo, del que se sirven algunas personas para pecar. Y al leerlas y oírlas el hombre o la mujer de buen entendimiento, que se quiera salvar, elegirá y hará el bien (…). No obstante, como es cosa humana pecar, si algunos quisieran, no se lo aconsejo, servirse del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello”.

Libro de Buen Amor (Arciprete de Hita)
 Scripta. Exposición en la BNE y Casa Museo Unamuno en 2017

Como recuerda Oscar Lilao, jefe de Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica, sólo hay tres manuscritos medievales de la obra: el más antiguo, de finales del s. XIV, se conserva en la Real Academia española y es conocido como manuscrito de Gayoso ; el de Toledo, de principios del s. XV custodiado en la BNE ; y el de Salamanca, también del s. XV.

La importancia del códice de Salamanca radica en que es el más completo de los existentes, ya que parece que su copista, el humanista Alfonso de Paradinas, completó o corrigió la obra en base a los otros dos manuscritos. Alfonso de Paradinas (Paradinas de San Juan, Salamanca, 1395 – Roma,1485), colegial de San Bartolomé, fue catedrático de la Universidad de Salamanca y obispo de la Orden Carmelita, lo que le llevó a participar en numerosos encuentros en tiempos de Juan II y su valido Alvaro de Luna. Con sólo 28 años ya estaba en Roma tomando decisiones como secretario apostólico y como auditor del Sacro Palacio en la Curia Pontificia.

Todo un ‘best seller’ escrito en el s. XIV, aunque probablemente en aquella época su importancia fue mucho menos, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los grandes hitos de la literatura española.

Arcipreste de Hita
Tesoros de la Biblioteca Histórica. La Gaceta (07/04/2018)
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Realidad virtual : experiencia inmersiva en la Biblioteca Histórica de la Usal

«Omnium scientiarum prínceps Salmantica docet». Una experiencia inmersiva en 360º.


Documentos audiovisuales sobre “La producción de ideas científicas en la Salamanca del Renacimiento (Escuela de Salamanca)”, que han sido grabados en varios formatos: de forma tradicional (subtitulados al inglés) y en Realidad Virtual (360º).

CANAL DONDE ESTÁN TODOS. LINEALES Y 360º 


Los vídeos son el resultado de un proyecto de investigación financiado por la Fundación “Memoria de D. Samuel Solórzano Barruso”. bajo el título: “Estudio piloto sobre el empleo de la Realidad Virtual como nueva herramienta para la difusión y promoción inmersiva del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca”. Dicho proyecto centra su tema objeto de estudio en la Realidad Virtual, como nuevo formato audiovisual inmersivo. A partir del planteamiento de los usos que puede adoptar esta nueva tecnología la citada investigación hace hincapié en el conocimiento de la RV como una nueva herramienta efectiva para el desarrollo del periodismo de marca y que por lo tanto serviría de forma muy eficaz a la la hora de difundir y promocionar la imagen e identidad de marca del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca.

El proyecto ha sido coordinado por la profesora de la Usal, Maribel R.Fidalgo como IP del proyecto y ha contado con los siguientes miembros dentro del equipo investigador: Mª Begoña Gutiérrez, Javier Herrero, Elena Calvo, Lucía Jiménez, Adriana Paíno y Yanira Ruiz. (Facultad de Ciencias Sociales)

Este proyecto ha contado con la participación de Ana Mª Carabias profesora de Historia Moderna de la Usal y Margarita Becedas, directora de la Biblioteca Histórica de la Usal. Asimismo, se ha contado con la participación técnica de Yipikayei Producciones. Por último, se ha realizado una colaboración con la universidad americana Wake Forest University, que ha realizado el subtitulado al inglés de dichos vídeos.

El fondo procedente de la Casa de Osuna.

Dado el interés que tiene para la colección de nuestra biblioteca histórica de la Universidad de Salamanca el fondo procedente de la Casa de Osuna, nos parece útil para los lectores de nuestro blog remitir a esta entrada de la Biblioteca Nacional de España. (Entrada en la BNE)

IH/9187/5, [Retrato de Mariano Téllez Girón y Beaufort] Llanta
Retrato de Mariano Téllez Girón y Beaufort

El título de duque de Osuna fue concedido en 1562 a Pedro Girón de la Cueva, V conde de Ureña. A partir de ese momento la casa de Osuna irá incorporando otros títulos nobiliarios, como el marquesado de Peñafiel, los ducados de Arcos, Béjar, Benavente y Gandía, el ducado de Medina de Rioseco y también el importante ducado del Infantado.

En 1882 fallecía el XII Duque de Osuna, Mariano Téllez-Girón y Beaufort Spontin, último titular de la casa, cuyo legendario tren de vida llegó al extremo de poner fin a una de las más notables fortunas de la época.

A la muerte de Mariano Téllez-Girón, ante el temor de que la rica biblioteca nobiliaria se dispersara e incluso saliera del país, Menéndez Pelayo redactó un informe y propuso al Estado español adquirir la colección, proponiendo incluso una distribución de los fondos: para la Biblioteca Nacional los manuscritos y cualquier libro impreso del que ésta careciera de ejemplares; para las bibliotecas del Congreso y del Senado los de contenido político y análogos; los demás se repartirían entre las Bibliotecas públicas.

Los hitos cronológicos de esta historia pueden resumirse así: la ley por la que el Estado adquiere la biblioteca data de agosto de 1884. En 1886 se concreta el proceso de distribución entre otras bibliotecas de los libros que no habían pasado a engrosar la colección de la Biblioteca Nacional. Según los datos aportados por Peñalver, que podrían hacerse extensivos a las demás bibliotecas universitarias, en diciembre de 1888 se reciben en la Universidad de Sevilla las galeradas con los listados de libros para proceder a su selección. Entre 1891 y 1892 los libros se encontrarían ya en las diferentes bibliotecas.

La censura en Universidad de Salamanca: de Cachupín al Franquismo

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Artículo aparecido en La Vanguardia (06/10/2018). Óscar R. Ventana

Los tesoros que alberga la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca amparan cada año múltiples investigaciones y curiosas consultas que, en ocasiones, se topan con el rastro de la censura en sus diferentes formas: desde sutiles y artesanas tachaduras cubiertas con papel y pegamento hasta toscos arrancamientos de páginas.

Francisco Cachupín, trabajador de la Universidad de Salamanca a mediados del siglo XVII y con la encomienda de censurar todo lo que quedara al margen de la doctrina de la Iglesia Vaticana, se ha convertido en uno de los personajes más llamativos de las visitas al ‘santuario’ bibliográfico de la institución académica salmantina que este año conmemora su Octavo Centenario.  “Me da mucho juego su nombre…”, reconoce Eduardo Hernández sobre Cachupín, convencido de que el censor se limitó a cumplir con lo que le marcaba la Inquisición en los sucesivos índices.

Fue en 1640 cuando Cachupín puso su firma en uno de los libros de astronomía que probaron su evolucionado método censor: primero, con el material recién llegado, tachón y cobertura de papel pegado; después, ya sin papel, sistemáticos tachones en forma de círculo; y finalmente, ya sin tinta con la que emborronar el conocimiento, decenas de páginas cortadas sin reparo. “Empieza con mucho detalle, tachando y pegando papel encima y luego se va quedando sin material y te encuentras con una página completamente emborronada”, ha explicado Hernández, convencido de que este hombre era una especie de “Pepe Isbert en ‘El verdugo'”, en el sentido de que era “todo un profesional”: “si hay que ejecutar la pena vamos a hacerlo profesionalmente y no chapuceramente”, ha bromeado.

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Con esta anécdota, que incluye en el relato de algunas de las visitas a la Biblioteca, Hernández trata de explicar que el margen de los integrantes de la Comisión del Santo Oficio en la Universidad era limitado y seguía la línea institucional marcada, ya que una entidad pública en esa época “tenía que estar a bien con la Inquisición”. El bibliotecario ha reconocido que es común entre los visitantes de este espacio preguntarse por los motivos que llevaron a la Inquisición, y a Cachupín en concreto, a aplicar la censura a esta y otras obras. En aquel momento la censura actuaba cuando los dogmas y las bases doctrinales de la Iglesia Católica se veían comprometidas, aún influida por la carga teológica del Concilio de Trento. En opinión de Hernández fue tras este encuentro religioso cuando la censura fue “más dura” y esto se ve reflejado en libros como el censurado por Cachupín sobre astronomía: “para entender un eclipse hay que partir de la base de que la Tierra no es el centro del Universo…si no, no se entiende”, ha detallado. Sin embargo, la teoría de los vasos comunicantes también funcionó en materia de censura, con casos como los libros de Copérnico, que fue considerado inicialmente como una “lectura fundamental” para la Iglesia Católica a pesar de que pudiera pensarse lo contrario, pero lo fue porque Lutero y su reforma Protestante se posicionó en contra de sus teorías. “Esto a la Iglesia le va a hacer mucha gracia”, ha resumido Hernández.

Pero en siglos posteriores también la censura dejó su rastro en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, y algunos de los más evidentes, en los lomos de algunos ejemplares de Rousseau o Voltaire, en plena Dictadura Franquista.

Si algún curioso pregunta por estos casos, Eduardo Hernández tiene localizados en una de las esquinas de la histórica estancia varios ejemplares en los que puede apreciarse una especie de medialuna pegada en el lomo que alerta de la ‘potencial peligrosidad’ de la edición.

Han sido algunos compañeros bibliotecarios los que han relatado en primera persona a Hernández cómo actuaba la censura franquista en estos casos. “El bibliotecario tenía que avisar al director si un estudiante o profesor pedía alguno de esos ejemplares marcados. Eran llamados a capilla para indagar sobre el motivo que les había llevado a interesarse por esa lectura”, ha desgranado. “Fueron las ideas revolucionarias del Siglo XVIII las que, por lo visto, ponían nervioso al Franquismo”, ha recordado el bibliotecario, para quien la visión “paternalista” que todas las censuras tienen llevaba a sus antiguos compañeros a tener que recomendar otros volúmenes más ‘adecuados’.

“De la censura no nos vamos a librar nunca, porque es una cuestión del control de la información que siempre quiere el poder…es un rasgo del ser humano”, ha teorizado Hernández, para quien resulta complicado meterse en las “mentes perversas” de quienes a lo largo de la historia han ejercido esta limitación.

El poeta norteamericano John Oliver dedica un poema al bibliotecario de la Biblioteca Histórica de la USAL Eduardo Hernández Pérez

1 El poeta y traductor John Oliver Simon
El poeta y traductor John Oliver Simon
2 Eduardo Hernández enseñando los libros a los poetas
Eduardo Hernández en una visita a los poetas

El poema, dedicado al bibliotecario Eduardo Hernández, fue enviado por el autor a Alfredo Pérez Alencart, con expreso encargo de conseguir un traductor salmantino, trabajo que fue llevado a cabo por Laurent Wigley. Aquí les ofrecemos la versión traducida y el original. Ambos textos aparecerán publicados en la antología POR OCHO CENTURIAS, que se editará con ocasión del VIII Centenario del a Universidad de Salamanca.

SALAMANCA (para Eduardo Hernández)

Si mi prominente estómago revelase
otro tumor en su interior como muñecas rusas
de secreciones mundanas y flujos gástricos
entonces mis sonetos comenzarán a tomar el sabor de la quimio,
y dónde puedo colocar los trapecios de cielo
que corté de los tejados inclinados de Salamanca
cuando el mejor equipo de traductores en el mundo
seguían su arduo camino por la predestinada calle empedrada de la Fe,
entrando por grandes puertas bajo las miradas de arenisca
de Nando e Isa, quienes ejecutaron una limpieza étnica de Judíos
y desterraron a los Musulmanes al arenoso Maghreb
el mismo año que los Taínos descubrieron a Colón,
y subiendo junto a un laberinto de clases
llegamos a la sala del altar del Incunabulae
donde libros de cuero relucen con oro como molares
y la gente corriente se ve detenida por un cristal
Eduardo Hernández nos muestra evangelios en vitela
escritos a mano por monjes que suelen tener túnel carpiano
Copérnico censurado por Gachupín
edición multilingüe de Fray de León
cuyo ruso, Ekaterina nos dice,
avergüenza nuestra profesión. Una biblioteca
de recuerdos puede caber en una uña,
la biblioteca de Borges cabe cómodamente en mi cerebro.
Mi español es suficientemente bueno
para comprender mientras Eduardo explica cómo la imprenta
fue el ciberespacio del siglo XV,
tras lo cual con una llave de hierro abre
una aparente librería que lleva a otra cámara
de temperatura aún más controlada para textos frágiles
dentro de la cual hay un cofre
que Eduardo abre con otra llave negra
y muestra, en su pergamino de madera, una Torah,
una compañera lejos de casa, una hermana pequeña,
en cautividad durante tantos siglos,
que mi lamentable autodidacta hebreo
suena titubeante V’OMER MOSHE ADONAI
para que los goyim sepan que Dios y Moisés
estaban conversando en la montaña
y a mi vuelta la exploración del TAC dio resultado negativo.


SALAMANCA for Eduardo Hernández

Should this protruding tummy of mine reveal
another tumor within like Russian dolls
of mundane secretions and gastric flushing
then my sonnets will start to taste of chemo,
and where can I put the trapezoids of sky
I cut from leaning roofs of Salamanca
when the best team of translators in the world
toiled up the fated cobblestone street of Faith,
entering great doors under sandstone glances
of Nando e Isa who ethnic cleansed the Jews
and banished Muslims to the gritty Maghreb
same year the Taino discovered Columbus,
and climbing past a labyrinth of classrooms
reached the shrineroom of the Incunabulae
where leather volumes gleam with gold like molars
and ordinary folks are detained by glass.

Eduardo Hernández shows us vellum gospels
hand-crabbed by monks with frequent carpal tunnel
Copernicus as censored by Gachupín
multilingual edition Fray de León
whose Russian, Ekaterina informs us,
disgraces our profession. A library
of memory may fit on a fingernail,
Borges’ library fits cozy in my brain,
my Spanish is just about good enough to
keep up as Eduardo explains how printing
was the cyberspace of the Siglo XV,
whereupon with an iron key he unlocks
a seeming bookcase to another chamber
even more climate-controlled for fragile texts
within which is a coffer or treasure-chest

Eduardo opens with another black key
and draws forth, on its wooden scroll, a Torah,
a homegirl far from home, a little sister,
so many centuries in captivity,
which my shabby red-diaper self-taught Hebrew
sounds haltingly V’OMER MOSHE ADONAI
to let the goyim know that God and Moses
were having a conversation on the mountain
and on my return my cat scan comes out clean.


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Luz de navegantes.

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Baltasar Vellerino de Villalobos, Luz de navegantes, donde se hallarán las derrotas y señas de las partes marítimas de las Indias, islas y tierra firme del mar océano. Siglo XVI (ca. 1592). Ms. 291 (ACCESO AL PDF)

Las expediciones a las Indias Occidentales dieron lugar a obras de navegación que tuvieron en España un éxito y uso considerables desde el siglo XVI. Se trataba de una época de grandes descubrimientos y los navegantes necesitaban llevar sus guías al día. Este manuscrito al que hoy hacemos referencia se ocupa de los itinerarios que seguían los galeones a Indias a finales del siglo XVI, así como de la descripción de las islas y puertos que encontraban en su viaje. Va acompañado de 140 dibujos a pluma: algunos son simples perfiles de costas y sierras, pero otros están enriquecidos con dibujos de pueblos, fortalezas, barcos y otros elementos decorativos.

Se sabe por los datos que el propio autor proporciona en la portada y prólogo que Baltasar Vellerino de Villalobos era natural de Sevilla y desde niño quiso viajar a América. Tras realizar varios viajes a América y Africa comenzó la redacción de “Luz de Navegantes”. 

Este manuscrito de formato apaisado, a pesar de la pulcritud de sus imágenes y la limpieza de sus textos, no llegó a imprimirse pese a estar preparado para ello (limpieza de su caligrafía, índices cuidados, márgenes): tal vez porque contenía información estratégica que no convenía difundir, porque el contenido quedase obsoleto  o tal vez porque, en 1594, su autor fue acusado de plagio por el marino Juan Escalante de Mendoza. El texto de este marino “Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales” quedó depositado en el Consejo de Indias pero no logró licencia de impresión.

Vellerino citó esta obra entre las consultadas, pero los expertos van más allá y consideran probado que el autor se basó en Escalante para realizar la obra aunque hizo cambios. Margarita Becedas, directora de la Biblioteca de Salamanca, puntualiza que los 140 dibujos son originales y representan la mayor diferencia entre ambas obras.

Luz de navegantes, Manuscrito


Fuentes: 

  • Becedas González, Margarita. Tesoros de la Antigua Librería de la Universidad de Salamanca. Salamanca : Ediciones Universidad de Salamanca, 2002.
  • La Gaceta de Salamanca (08/09/2018)

Alfonso de Cartagena: exposición

Los días 5 y 6 de septiembre se alojará en la Bibliotca Histórica de la Universidad de Salamanca la Exposición Bibliográfica: Alfonso de Cartagena en contexto. Un patrimonio textual, dentro del contexto del VII Congreso de la Sociedad de Estudios Medievales y Renacentistas y organizada por el proyecto ACOC “Alfonso de Cartagena. Obras Completas”

Exposición Bibliográfica: "Alfonso de Cartagena en contexto. Un patrimonio textual" | Biblioteca Cartagena
Biblioteca Cartagena

La Biblioteca Cartagena es el portal dedicado a la difusión y al conocimiento
de la obra de Alfonso de Cartagena (1385-1456), humanista, diplomático, historiador y escritor castellano del Prerrenacimiento.

Surge como resultado de la colaboración del Proyecto ACOC, desarrollado en el IEMYRhd de la Universidad de Salamanca, las personas e instituciones que prestan su consejo científico y las entidades que, como la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, han facilitado la disposición de sus fondos documentales y bibliográficos. Estas son: Biblioteca de la Fundación «Bartolomé March»Biblioteka JagiellonskaBritish LibraryBiblioteca de Menéndez PelayoBiblioteca Nacional de EspañaPatrimonio NacionalReal Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El EscorialReal Biblioteca de Palacio.