Los viajes del ingeniero: Libros, Caminos Y Días

Libros, caminos y días. El viaje del ingeniero

Cámara Muñoz, Alicia, et al. Libros, Caminos Y Días: El Viaje Del Ingeniero. [Madrid]: Fundación Juanelo Turriano , 2016.

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La movilidad, el viaje, ha sido siempre una característica esencial de la profesión de ingeniero. Centrándose entre los siglos XVI y XVIII, el curso describe esta faceta viajera a través del ejemplo de varias figuras excepcionales, desde Tiburzio Spannocchi hasta Agustín de Betancourt, con quien se cierra una época abierta por los ingenieros del Emperador.

Tabla de Contenidos 

  1. El ingeniero cortesano. Tiburzio Spannochi, de Siena a Madrid / Alicia Cámara Muñoz.
  2. Los viajes del Emperador y Luis Pizaño. Periplo y secuenciación de la profesión de ingeniero / Pablo de la Fuente de Pablo
  3. Los viajes del ingeniero Carlos y Fernando de Grunenbergh. De Westfalia a Malta / Dolores Romero Muñoz
  4. Una época para el cambio. Los viajes del arquitecto e ingeniero Julián Sánchez Bort / Daniel Crespo Delgado
  5. Agustín de Betancourt, en España, Francia, Inglaterra y Rusia / Fernando Sáenz Ridruejo
  6. Ingenieros e ingenios en la Real Fábrica de Cristales / Eduardo Juárez Valero

 

NotasConferencias impartidas en el curso: <“Libros, caminos y días”. El viaje del ingeniero>, celebrado en Segovia del 20 al 22 de noviembre de 2015 y organizado conjuntamente por la UNED y la Fundación Juanelo Turriano. Curso coordinado por Alicia Cámara Muñoz y Bernardo Revuelta Pol.

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Historia del libro y de la imprenta en Canadá

Lamonde, Yvan, et al., ed. Histoire du livre et de l’imprimé au Canada. Montréal: Presses de l’Université de Montréal, 2004-2007

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Estrechamente ligado a la historia del país en el que se convertiría Canadá, los libros y la imprenta aparecieron allí tan pronto como llegaron los primeros colonos. Las herramientas de evangelización, colonización, enseñanza, propaganda religiosa y política, pero también los medios de exploración, conocimiento, liberación, libros e impresos han contribuido a la creación de una historia nacional y a la construcción de la identidad de los pueblos que ahora conviven en el territorio.

  • El primer volumen de la Historia del Libro y la Impresión en Canadá traza la historia de la impresión, desde el desembarco de los primeros colonos en Nueva Francia hasta las rebeliones de 1837 y 1838, la aparición de la primera impresión en Halifax en 1752 y el establecimiento de las primeras bibliotecas públicas y privadas. Demuestra claramente que la impresión en todas sus formas, ya sea en periódicos, almanaques, ilustraciones, libros de cocina o trabajos académicos, ha sido una parte integral de la vida diaria de los canadienses. Por último, presenta un retrato vivo del autor y del lector, pero también de todos los artesanos de los oficios del libro y de la imprenta, desde el aprendiz hasta el impresor, situándolos en su contexto social e histórico.
  • Entre 1840 y 1918, la imprenta y el libro, que ya habían contribuido al desarrollo de la historia y la identidad del pueblo canadiense, se convirtieron en los medios de comunicación predominantes. Más que nunca, la cultura de la imprenta contribuye a los cambios que transformarán a la colonia en un verdadero estado, unificando a los pueblos que la componen. Es esta sinergia la que constituirá uno de los aspectos históricos y culturales más fascinantes de este período que está en el centro de este segundo volumen de la Historia del Libro y el Grabado en Canadá. La expansión del territorio canadiense a través de la inmigración masiva, su paso por ferrocarril y la telegrafía renovó completamente la dinámica de la impresión desde Terranova a Dawson City. A partir de 1880, la impresión masiva nace gracias a las nuevas tecnologías que permiten imprimir más rápido y a menor coste, y gracias a la creación de nuevos mercados atendidos por las librerías. Desde el misal hasta el periódico, el libro de cocina, el catálogo de Eaton y el almanaque, los canadienses están ahora en contacto diario con el material objeto de impresión. En este contexto, el autor está emergiendo lentamente, apoyado por un mercado de distribución norteamericano, un número creciente de bibliotecas públicas y derechos adquiridos para la protección de su obra y su distribución.
  • En Canadá, el siglo XX marcó el comienzo de una nueva era de la cultura del libro y de la imprenta. Después de la Primera Guerra Mundial, la aparición de editoriales independientes, de asociaciones de autores, la creación de premios literarios y científicos y de subvenciones a la producción, en particular en Quebec, son signos de la vitalidad del libro en la transmisión y la promoción de una cultura nacional, ahora proyectada en el tiempo y concebida como un patrimonio esencial. Así es como podemos ver el desarrollo de una cultura del libro distinta de la imprenta y la prensa, donde los editores se están convirtiendo gradualmente en arquitectos de la cultura canadiense.

 

Cantorales: libros de música litúrgica en la BNE

Universo Abierto

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Cantorales : libros de música litúrgica en la BNE : [exposición del 19 de
septiembre de 2014 al 18 de enero de 2015] / [organiza, Biblioteca Nacional
de España ; comisario, José Carlos Gosálvez Lara ; textos, José Carlos
Gosálvez Lara … et al.]. — [Madrid] : Biblioteca Nacional de España, 2014

Texto completo

Cantorales. Libros de música litúrgica en la BNE [Exposición: Biblioteca Nacional, del 19 de septiembre al 18 de enero de 2015]: La exposición Cantorales. Libros de música litúrgica en la BNE fue la culminación del trabajo multidisciplinar que inició la Biblioteca Nacional de España en 2011 a través de un convenio de colaboración científica con la Universidad de Alcalá de Henares, en el que han desempeñado su labor musicólogos, bibliotecarios, técnicos informáticos y especialistas en restauración y digitalización, con el fin de dar a conocer el importante tesoro cultural que representa la colección de fuentes medievales…

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El libro científico en la República de las letras

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José Pardo Tomás. El libro científico en la república de las letras. Madrid : Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010. ISBN: 978-84-00-09044-9.
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“República de las Letras” fue una denominación usada durante buena parte de los siglos XVI, XVII y XVIII a la hora de designar el ambiente cultural creado por algunos hombres y mujeres que dedicaban sus esfuerzos intelectuales al cultivo del saber.

José Pardo Tomás, investigador científico en la Institución Milá y Fontanals del CSIC, nos introduce en la historia del libro científico que había sido un vehículo privilegiado hasta el siglo XVIII, hasta que aparecieron en París en el año 1751, los primeros fascículos de la Encyclopédie ou Dictionnaire Raisonné des Sciences, des arts et des métiers.

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Tratados de ingeniería entre los siglos XVI y XVIII

La palabra y la imagen. Tratados de ingeniería entre los siglos XVI y XVIII

Cámara Muñoz, Alicia, et al. La Palabra Y La Imagen: : Tratados De Ingeniería Entre Los Siglos XVI Y XVIII. [Madrid]: Fundación Juanelo Turriano , 2017.

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La imprenta permitió que un saber hasta entonces transmitido en manuscritos, se difundiera en libros y tratados impresos que contribuyeron a globalizar los conocimientos de ingeniería en el mundo occidental.

Desde fines del siglo XVI fueron sobre todo los tratados impresos los que se utilizaron para la formación científica de los ingenieros. En los tratados de ingeniería las imágenes fueron imprescindibles, por lo que en los estudios que se publican en este libro se ha dado tanta relevancia a la palabra como a la representación visual de ingenios, ciudades, fortificaciones, puentes, etc. Conocer cómo se codificó el saber y su transmisión, posibilita detectar algunas de las líneas maestras que fueron pautando la evolución de la ingeniería en época moderna.

“Atlas Maior” de Joan Blaeu : el despegue de la cartografía.

La familia Blaeu fue crucial para el desarrollo de la cartografía moderna. De origen holandés, la empresa Blaeu produjo algunos de los más renombrados mapas, globos terráqueos y atlas de Europa del siglo XVII.

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La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca puede presumir de una amplia colección de cartografía histórica en la que no faltan los bellos mapas de los Blaeu, como el Nuevo Atlas o Teatro del mundo o algunos de los Libros redondos y gordos que adornan la sala.

Principalmente en el siglo XVII, cuando Amsterdam ganó terreno a Amberes en el desarrollo del comercio marítimo, las exploraciones y la navegación, la imprenta de los Países Bajos experimentó un gran crecimiento y especialización en el ámbito de la cartografía. “Nadie hacía los mapas como ellos”, subraya la directora de la Biblioteca Histórica, haciendo hincapié en el valioso trabajo llevado a cabo en las imprentas de Amsterdam.

Una curiosidad. Los mapas lucen con mucho colorido pero realmente se imprimían en blanco y negro y se coloreaban posteriormente, normalmente por encargo de los propios impresores y libreros, de una forma más o menos estándar, pero también había particulares que adquirían el ejemplar en blanco y negro y encargaban el coloreado a algún artesano o pintor de su confianza, para que personalizara los mapas. 

El resultado eran obras de grandes dimensiones y unos precios desorbitados para aquella época. Comenta Oscar Lilao, jefe de Fondo Antiguo, que el “Atlas Maior” de Joan Blaeu, con entre diez y doce volúmenes tendría un precio de unos 20.000 euros de ahora, es decir, el sueldo de varios años de un artesano. Así que era un libro para los ricos de la época, lo que explica que, de forma paralela, se elaborasen libros de menor calidad y tamaño y con mapas en blanco y negro con el fin de responder a la demanda de los distintos estratos sociales.

El “Atlas maior” está considerada una de las obras más prodigiosas de la historia de la cartografía: “Son once volúmenes en un formato enorme (57 cm. de largo y 37 de ancho). Sumando los volúmenes, las ediciones en varios idiomas y teniendo en cuenta la tirada en cada uno de ellos, hablamos de 950.000 mapas y 5,5 millones de páginas de texto” destaca Lilao. Una gran inversión , años de trabajo que sólo podían hacer los grandes talleres del momento. “La imprenta más desarrollada en esos momentos era la de los Países Bajos, mucho más que la de los países del sur, sus obras son muy llamativas y nadie hace cartografía como ellos”, reconoce la directora, Margarita Becedas. La Universidad de Salamanca cuenta con ediciones en latín, en español y en francés, pero también hubo en holandés y alemán.

 

Y es que no son mapas al uso. La cartografía del XVII destaca por el detalle de cada país o zona geográfica y, ademas, incluyen dibujos, por ejemplo de figuras humanas con los trajes típicos de cada región y completan los libros textos explicativos sobre cuestiones geopolíticas. 

 

Otras joyas de la geografía que podemos encontrar en la Biblioteca Histórica son el “Theatrum Orbis Terrarum” de Abraham Ortelius (1570, Amberes) o una de las primeras ediciones del atlas de Gerardus Mercator, así como diversas colecciones de viajes.

La procedencia de estas obras no está clara. Sólo en un caso se puede atribuir al Convento de San Esteban, Y es que, aunque las tiradas fueron elevadas para la época, muchos libros no sobrevivieron al transporte y otros han sido objeto del tráfico de mapas: hay mapas que pueden venderse por 40.000 euros cuando un libro cuesta poco más del doble, lo que pone de manifiesto el gran valor de estas obras cartográficas del siglo XVII.


La Gaceta de Salamanca 22/09/2018 : Tesoros de la Biblioteca Histórica

Memoria audiovisual del Museo del Prado.

Presentación de la Memoria Audiovisual del Museo del Prado

El Museo Nacional del Prado, en conjunto con Radio Televisión Español (RTVE) y la Filmoteca Española, presentó el pasado 13 de febrero su nuevo fondo documental ‘Memoria audiovisual del Museo del Prado’.

Este proyecto “reúne el legado artístico de España gracias a un trabajo importante de catalogación y restauración del material que pasara al ámbito publico” a través de un portal web, según ha indicado el director de la pinacoteca, Miguel Falomir, en rueda de prensa.

En concreto, el proyecto recupera más de 400 archivos audiovisuales que recorren 100 años de historia condensados en el portal del Museo del Prado (AQUI) y que “sirven para resaltar la importancia y presencia que el Museo del Prado ha tenido en la vida cotidiana de los españoles, en su imaginario y en su vida cultural”, ha agregado Falomir.

“El fondo es el resultado de un trabajo de selección de material importante que se viene realizando desde hace un año y en el que tuvimos que escoger de entre 4.000 y 5.000 contenidos relacionados al museo que hemos conservado en los archivos de RTVE”, ha explicado el director del fondo documental de RTVE, Alberto de Prada. En este sentido, el archivo arranca con 300 títulos que luego serán ampliados y que van desde la serie “Mirar un cuadro”, emitida por TVE entre 1982 y 1984, hasta documentales y películas en las que el centro es el Museo del Prado, que han pasado por un “exhaustivo proceso de catalogación, digitalización, gestión online e incluso restauración fotoquímica”, ha señalado Falomir.

Así, los contenidos se han dividido en dos selecciones: “El museo como escenario” “El museo como inspiración”. En la primera, han puesto a disposición de los usuarios imágenes en las que el edificio de la pinacoteca y su entorno urbanístico son los protagonistas, con la muestra de los rodajes de exteriores del museo, noticiarios y reportajes del NODO filmados dentro de las salas o programas como ‘Informe semanal’, emitido desde 1973. También incluye películas cuyo escenario ha sido El Prado como ‘¡Viva Madrid, que es mi pueblo!’ (1928) de Fernando Delgado, ‘Madrid’ (1942) de Ángel Negra o ‘Tierra y cielo’ (1941) de Eusebio Fernández Ardavín, entre otros; y filmes que han sido protagonizados por figuras nacionales e internacionales.

Por otro lado, en ‘El museo como inspiración’ se pueden encontrar cintas de ficción y reportajes divulgativos como ‘Prado vivo’ (1965) de Ramón Masats o ‘Tres horas en el Museo del Prado’ (1968), basada en el clásico del escritor Edugenio d’Ors, dirigida por Jesús Fernández Santos, quien rodó más de una docena de documentales en el lugar, entre otros. A este le siguen secciones como ‘Tableau vivant’, ‘El museo y el cine’ y luego un paseo por la cronología de la pinacoteca, “en la que se pueden seguir 100 años de historia”, ha dicho De Prada.