Los mapas más deseados.

El Archivo de Indias, declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1987, es la memoria viva de los territorios de ultramar de la España imperial. Contiene unos 40.000 legajos, robustos paquetes de añeja documentación con aroma a pergamino que almacenan más de 80 millones de páginas y en torno a 8.500 mapas, planos, dibujos y estampas.

A esta institución, ha dedicado su vida la historiadora  María Antonia Colomar. Rigurosa y comprometida con su vocación, ha dedicado 46 años de su vida a desentrañar las historias, mitos y leyendas del Archivo de Indias. La historiadora representa el trabajo que miles de investigadores y trabajadores realizan en nuestros archivos e instituciones museísticas, rescatando aspectos desconocidos de nuestro pasado y custodiando valiosas piezas y documentos. ACCEDER AL VIDEO

A lo largo de cuatro décadas, Colomar ha aportado innumerables estudios sobre algunos de los miles de legajos, mapas, cartas y dibujos que han documentado la Historia de los territorios de ultramar, guardados desde 1785 en el edificio sevillano. La importancia de su trabajo en esta institución quedó plasmada en la victoria legal que supuso para España la devolución del patrimonio recuperado de la Fragata Mercedes por la empresa Odyssey, gracias a los archivos centenarios que aportaron las pruebas y bases jurídicas necesarias para ganar el litigio.

La Sociedad Geográfica Española la ha premiado este año por su trabajo. En un reportaje publicado por El País Semanal nos acerca a aquellos mapas que más la han fascinado a lo largo de su carrera.

El primer mapa que llegó a España (y tal vez a Europa) procedente de China. Fechado en 1555, narra mediante pequeños textos la historia de las ciudades del país. La silueta de la muralla china cruza de este a oeste la parte superior del plano. El río Amarillo aparece naranja. Sobre estas líneas, personal del laboratorio de restauración retira los papeles que protegen el valioso mapa.

Esta joya ha sido extraída de un portaplanos especial, de aluminio anodizado, que permite una conservación óptima. Se trata del primer mapa realizado con técnicas chinas que llegó a España (y tal vez a Europa) procedente del Extremo Oriente. Vino atravesando los mares entre 1574 y 1575, bajo el reinado de Felipe II, cuando la monarquía hispánica vivía su época de esplendor, cuando se hablaba de un imperio donde nunca se ponía el sol.

La historiadora se pone unos guantes azules finos para poder manipular el documento (es fundamental no tocarlo con los dedos, los mapas absorben la humedad de la mano que los toca) y retira el papel barrera, que es antiácido y protege esta joya. El curso del río amarillo (aquí naranja) es la insólita nota de color en un mapa en blanco y negro. Probable­mente viajó acompañado de libros, obras de arte y cerámicas que en aquellos días llegaban desde Manila, puente entre Oriente y Occidente. Colomar lo considera uno de los tesoros que han pasado por sus manos.


Mitos en los Andes. Este mapa documenta una zona ubicada en las riberas del río Marañón, en Perú. Los indígenas aparecen vestidos en las zonas conquistadas y desnudos en las que están pendientes de conquistar. El explorador Salgado de Araujo lo usó para convencer a la Corona de que debía regresar a la zona: allí, describía, se podían encontrar “esmeraldas a racimos”.
Mitos en los Andes.

De todos los documentos que han pasado por sus manos, hay uno que le fascina: es el mapa de los mitos, que así lo llama ella. Refleja una zona de los Andes, las riberas del río Marañón, en Perú. Lleno de dibujos, donde los indígenas aparecen vestidos en las zonas conquistadas y desnudos en las pendientes de conquistar, fue encargado, entre otros, por dos conquistadores, Andrés Salgado de Araujo y Pedro de Bohórquez, para justificar una segunda expedición a esas tierras por explorar.

Para convencer a la Corona de la necesidad de regresar a Perú (Birú, para los indígenas), Salgado de Araujo agitó el mito de El Dorado. En una documentación aneja al plano, empieza por alinearse con los intereses de la Corona y aduce motivos religiosos para el retorno: en las 16 provincias que aparecen en el mapa, dice, hay “14 millones de almas” (una exageración, dice Colomar) pendientes de evangelizar. A partir de ahí hincha todo lo que puede el catálogo de potenciales riquezas. Habla de zonas tan abundantes en oro que los indígenas lo usan para “ministerios domésticos” (vasijas, cuencos…; la vajilla, vamos); menciona el Cerro de Ialpay, que es como los indígenas llamaban a El Dorado; dice que en la provincia de Aute las esmeraldas se encuentran “a racimos”; que en el Paititi, las perlas, del tamaño de avellanas, se pescan en los ríos… El mapa es fiel reflejo del delirio de la fiebre del oro que cundía entre los conquistadores.


Ritos de Nayarit. Esta estampa refleja la influencia de la evangelización. Los conquistadores se adentraron en las montañas de Nayarit (México) con la intención de adoctrinar a sus habitantes. Al cabo de un tiempo, se retiraron. Y cuando volvieron al lugar, años más tarde, se encontraron con que los indígenas habían recuperado sus ritos y ceremonias, pero mezclándolas con las heredadas de los conquistadores. Un fraile refleja el fenómeno mediante esta estampa.

Esta estampa refleja la influencia de la evangelización. Los conquistadores se adentraron en las montañas de Nayarit (México) con la intención de adoctrinar a sus habitantes. Al cabo de un tiempo, se retiraron. Y cuando volvieron al lugar, años más tarde, se encontraron con que los indígenas habían recuperado sus ritos y ceremonias, pero mezclándolas con las heredadas de los conquistadores. Un fraile refleja el fenómeno mediante esta estampa.


Fuente: El País Semanal (16/09/2018). Joseba Elola

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Imago Hispaniae. Video

IR A LA INFO DE LA EXPOSICIÓN

Entre la rica colección de atlas de la Biblioteca General Histórica se conservan diversas ediciones del Theatrum de Ortelius que incluyen otros tantos ejemplos de los estados de plancha del mapa de España, objeto de esta Exposición. En ella queremos mostrar la evolución en el contenido geográfico que se produjo sobre la imagen peninsular en los 32 años de su historia. 

20 de julio al 15 de septiembre de 2018
Sala de Exposiciones Cielo de Salamanca
(Patio de Escuelas Menores. Universidad de Salamanca)
Horario: Martes a sábado de 12:00 a 14:00 h y de 17:30 a 20:30 h.
Domingos y festivos de 10:00 a 14:00 h. Lunes cerrado

Imago Hispaniae: Rediseñar un espacio en el siglo XVI

“Ningún mapa sustituye a la región cartografiada, pero al mismo tiempo (…) una carta bien trazada simplifica el recorrido”

Tomás Granados Salinas. Director de la colección Libros sobre libros (FCE)

Imago Hispaniae. Exposición


El 20 de mayo de 1570, ve la luz la primera recopilación de mapas impresos bajo el título Theatrum Orbis Terrarum (Teatro de toda la Tierra) obra de Abraham Oertel, latinizado Ortelius, anticuario, comerciante encuadernador y decorador de mapas natural de Amberes. La Iniciativa surgió tras la edición de una compilación de 38 mapas en un volumen a petición de un cliente, el comerciante Gilles Hoofman, para la que Ortelius recurrió a mapas de diversos países impresos mayoritariamente en Roma.

El antuerpiense, dotado de un fino instinto comercial, decidió dedicarse a la producción de colecciones de mapas encuadernados. Para ello mandó reducir y grabar a un tamaño semejante 53 mapas que conformarían el corpus de la obra, a los que irían asociados los correspondientes textos alusivos al continente, país o región descrita gráficamente La obra que nació con vocación ecuménica fue incorporando mapas a lo largo de las sucesivas ediciones hasta los 128 de las ediciones postreras. (Más información sobre la obra).

Cartografía del Siglo de Oro español | VIII Centenario

Entre la rica colección de atlas de la Biblioteca General Histórica se conservan diversas ediciones del Theatrum de Ortelius que incluyen otros tantos ejemplos de los estados de plancha del mapa de España, objeto de esta Exposición. En ella queremos mostrar la evolución en el contenido geográfico que se produjo sobre la imagen peninsular en los 32 años de su historia. 

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20 de julio al 15 de septiembre de 2018
Sala de Exposiciones Cielo de Salamanca
(Patio de Escuelas Menores. Universidad de Salamanca)
Horario: Martes a sábado de 12:00 a 14:00 h y de 17:30 a 20:30 h.
Domingos y festivos de 10:00 a 14:00 h. Lunes cerrado

Los mapas de Georg Wilhelm Schimper sobre Etiopía

Etiopía es el producto de un largo proceso histórico, desde el imperio Aksumita hace 2000 años, pasando por la introducción del cristianismo en el siglo IV, la expansión política de varias etnias, el desarrollo artístico de las iglesias rupestres a lo largo de siglos, seguido por la intervención militar portuguesa y la religión católica romana en los siglos XVI y XVII, y finalmente la unificación del país bajo el emperador Tewodros II (reinó en 1855-1868).

Los europeos han viajado por el país y han escrito sobre sus experiencias añadiendo a este conocimiento geográfico mapas de las rutas de sus viajes, como el escocés James Bruce, que publicó su relato en 1790. En la Europa del siglo XIX, la creciente importancia de la geografía como disciplina académica llevó a muchos viajeros a crear mapas, que a veces complementaron con potentes historias de las tierras, los turbulentos tiempos políticos y las costumbres y tradiciones de las poblaciones.

Uno de esos viajeros fue el botánico alemán Georg Wilhelm Schimper (1804-1878), que vivió y trabajó en Etiopía desde 1838 hasta su muerte en 1878. Fue testigo de trastornos y guerras, la coronación del emperador Tewodros II en 1855, se casó y tuvo hijos con mujeres etíopes, pero lo más notable es que recorrió el país para investigar la flora del país. Él envió los especímenes botánicos secos de vuelta a Alemania y Francia y se ganaba la vida gracias a la cortesía de asociaciones de viajes como la Reiseverein de Esslingen, que adelantó dinero a Schimper y lo recuperó de la venta de sus especímenes de plantas secas a los herbarios europeos.

Cuando estos ingresos se agotaron, tuvo la suerte de ser nombrado administrador regional en Enticho, en el norte de Etiopía, hasta 1855. En la década de 1860 se dedicó a algo totalmente nuevo: debido a su conocimiento detallado de la vida vegetal en varias regiones, dependiente como estaba de los diferentes suelos y formaciones rocosas, procedió a integrar la información geológica en los mapas que él mismo dibujó, acompañando los mapas con abundantes y detalladas observaciones botánicas, geológicas y geográficas.

Georg Wilhelm Schimper en Abysinia

Elaboró cuatro mapas manuscritos, que obran en poder de la Biblioteca Británica en Add. MS 28506. Los mapas y los comentarios de Andreas Gestrich, Dorothea McEwan y Stefan Hanß han sido publicados por el Instituto Histórico Alemán de Londres y están disponibles en línea. La base de datos presenta 221 folios de las páginas originales alemanas, transcritas en alemán moderno y traducidas al inglés, con una bibliografía y biografía totalmente anotadas de Schimper.

ACCEDER A George Wilhelm Schimper en Abisinia

Schimper3

El Teatro del mundo

Google Doodle celebrating Abraham Ortelius

Theatrum Orbis Terrarum , o Theatre of the World , fue un concepto novedoso a finales del siglo XVI: un libro de mapas, todos del mismo tamaño, organizados geográficamente.

Facsimile: Atlas de Abraham Ortelius -Theatrum orbis Terrarum – Photos with courtesy of the publisher
Ejemplar de la Biblioteca General. 

La obra está impresa en blanco y negro mediante calcografía y posteriormente coloreada a mano bajo demanda. Fue obra del cartógrafo Abraham Ortelius, quien recolectó los mapas, agregó sus propias notas, e hizo imprimir el libro a partir de planchas de cobre especialmente grabadas. Contiene una de las primeras alusiones a lo que luego se convertiría en la teoría de la deriva continental, y está llena de los nombres de los principales científicos y cartógrafos de finales del siglo XVI: personas como Gerardus Mercator, cuyo método para representar el globo redondo en una el mapa plano todavía está en uso hoy. Ortelius no hizo prácticamente ninguna de las encuestas o dibujos reales para los mapas en su libro; su papel era reunirlos a todos con descripciones y referencias. Así que citó los nombres de los 33 cartógrafos cuyo trabajo usó, en un período en el que las reglas sobre el plagio podrían horrorizar a la mayoría de los profesores universitarios de hoy.

Los 53 mapas en el atlas representaban todo lo que los europeos occidentales conocían en 1570 sobre la forma del mundo. Por supuesto, había mucho que los europeos occidentales de 1570 no sabían sobre la forma del mundo, empezando por Australia y la Antártida. Los europeos no tropezarían con Australia hasta 30 años después de que Ortelius publicara su primera edición, y James Cook tardaría otros doscientos años en descubrir la Antártida. Pero los mapas de Ortelius representan a Terra Australis, un hipotético continente del sur ubicado donde se encontraba la Antártida.

Y el trabajo de Oretlius hizo una referencia mucho más animada que los atlas modernos. Los monstruos marinos poblaron los mares de xilografía, y los personajes femeninos simbólicos introdujeron cada uno de los cinco continentes conocidos, encabezados por una representación de Europa como la reina de todos ellos.

Ortelius Atlas - Theatrum Orbis Terrarum – Facsimile

El Mapamundi más grande del siglo XVI ya se puede ver completo.

  FOTOGALERÍA:   El mapamundi de Urbano Monte reconstruido por la Universidad de Stanford.
Mapamundi de Urbano Monte reconstruido por la Universidad de Stanford

Un equipo de expertos de la Universidad de Stanford ha conseguido dar vida al proyecto de un cartógrafo italiano del siglo XVI, que dibujó un mapa del mundo tan detallado que ocupaba 60 láminas y dejó escritas las instrucciones para que alguien, algún día, las pusiera juntas. Ese día ha llegado y el resultado es fascinante y se puede consultar AQUI. Tres por tres metros y en más de cuatro siglos nadie lo había visto completo.  “Es el mapa del mundo más grande del siglo XVI”, afirma David Rumsey, director de la colección de mapas históricos que lleva su nombre y que alberga Stanford. Pero eso no es lo más importante. “También es artísticamente grande. Tiene información de eclipses, del Sol, la dirección de los vientos o la duración de los días en las distintas zonas del mundo”.

Además de estar digitalizado lámina por lámina, en la web de la colección se puede encontrar montado tal como lo concibió Urbano Monte, e incluso proyectado sobre un globo, de forma que se ve dónde acierta en las proporciones y dónde no.

El autor es Urbano Monte, un cartógrafo milanés que seguramente utilizó como fuentes los trabajos de los otros grandes cartógrafos del siglo XVI, Gerardo Mercator, Abraham Ortelia o Giovanni Gastoldi. “Monte tomó de todos ellos. Todos se copiaban”. En una esquina vemos al propio Monte, que se hace un autorretrato a la edad de 43 años. Encima de este dibujó otro, dos años después, lo que parece indicar que hizo correcciones al mapa.

La particularidad del mapa de Monte, además de su tamaño y artística, es que está proyectado desde el Polo Norte. Es decir, el centro del mapa es el Ártico; la deformación se produce en la Antártida. Según sus propias instrucciones, las láminas debían pegarse juntas sobre una gran bola de madera para tener sentido. “Sabemos que le encantaba enseñar, entendía el mapa como una herramienta de enseñanza, hay mucho texto describiendo los lugares”. Monte dibujó, en definitiva, un enorme globo terráqueo.

Un mapa colosal para perderse en el siglo XVI
El mapa está lleno de monstruos, algo habitual en los mapas de la época, donde los cartógrafos dibujaban criaturas fantásticas para no dejar huecos vacíos

Lo dibujó dos veces. La otra copia está en Milán. Pero el equipo de la Colección de Mapas Históricos David Rumsey ha digitalizado todas las láminas, más el mapa montado completo, y lo ha puesto en Internet a disposición de todo el mundo. “Estamos convencidos de que cualquier material que esté libre de derechos de autor debe estar en Internet con la máxima calidad a disposición de todo el mundo”, dice por teléfono Salim Mohammed, conservador jefe de la institución.

El mapa es, además, una especie de foto fija del siglo XVI. En él aparecen barcos donde se detalla “Armada del Rey de España” en medio del Atlántico o una flota que viaja hacia el Este, etiquetada como “Flota de las Indias, hacia España”. El artista puso en el mapa también a todos los líderes que vienen a explicar el mundo de aquella época. El más grande es el rey Felipe II, en una barca frente a la costa de Venezuela. Aparecen el rey de Portugal, el de Polonia, el emperador del Sacro Imperio Romano, un sultán de Turquía, el rey de Etiopía, el Papa y Moctezuma (“que fue rey de México y de las Indias Occidentales”, explica Monte).

La LC digitaliza el Códice Quetzalecatzin

El misterioso mapa del siglo XVI revela la conformación de la América actual, realizado en 1593, cuando el pueblo náhuatl entabló los primeros contactos con los colonizadores europeos.

Tras la adquisición de la pieza histórica, el 21 de noviembre de 2017, la biblioteca anunció que el Códice Quetzalecatzin, al que también se ha llamado mapa de Ecatepec-Huitziltepec, ya se puede ver en internet

Un fragmento del histórico mapa
Acceso al mapa en la LC
[The Codex Quetzalecatzin]. [Mexico] : [Producer not identified], 1593. Not drawn to scale. 1 manuscript map : color ; 90 x 73 cm. G4701.G46 1593 .C6
  • Muestra información genealógica y propiedad de la tierra para la familia Náhuatl “de León” de 1480-1593.
  • Cubre el sur de Puebla desde la iglesia de Todos Santos, Ecatepec (ahora suburbio al noreste de la moderna Ciudad de México), y el Lago Texcoco (ahora Reserva Nacional “El Caracol”) hasta la iglesia de Santa Cruz Huitziltepec, Pue en la parte inferior derecha, con la porción inferior del mapa cruzada por lo que parece ser el río Atoyac en el norte de Oaxaca.
  • Relieve ilustrado.
  • Título de la publicación del distribuidor.
  • Papel europeo, algunas decoloraciones y pérdidas reparadas, y montado sobre tela.
  • Incluye texto, glosas en Náhuatl romanizado para los jeroglíficos, la fecha “1593” en latín en la parte inferior izquierda, e ilustraciones a color.
  • Nombres de lugares en latín con traducciones de numerosos jeroglíficos mexicanos antiguos.