Libros envenenados

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Algunos recordarán el libro mortal de Aristóteles que juega un papel vital en la trama de la novela de Umberto Eco “El nombre de la rosa”. En el que el libro envenenado por un monje benedictino loco de un monasterio italiano del siglo XIV, mata a todos los lectores que se lamen los dedos al pasar las páginas intóxicadas. ¿Podría pasar algo así en la realidad? ¿Envenenamiento por los libros?

Recientemente se ha descubierto que tres libros de la sección de “raros” de los siglos XVI y XVII sobre varios temas históricos de la colección de la biblioteca de la Universidad del Sur de Dinamarca, contenían grandes concentraciones de arsénico en sus portadas.

Las cualidades venenosas de estos libros se detectaron mediante la realización de una serie de análisis de fluorescencia de rayos X (micro-XRF). Esta tecnología muestra el espectro químico de un material analizando la radiación “secundaria” característica que emite el material durante un análisis de rayos X de alta energía. La tecnología Micro-XRF se utiliza en los campos de la arqueología y el arte, por ejemplo, cuando se investigan los elementos químicos de la cerámica y la pintura.

La razón por la que se llevaron estos tres libros raros al laboratorio de rayos X fue porque la biblioteca había descubierto previamente que algunos fragmentos de manuscritos medievales, tales como copias de la ley romana y de la ley canónica, se utilizaron para confeccionar portadas de otros libros. Está bien documentado que los encuadernadores europeos de los siglos XVI y XVII reciclaban pergaminos más antiguos.

Se intentó identificar los textos latinos utilizados, o al menos leer parte de su contenido. Pero se encontró que los textos latinos en las portadas de los tres volúmenes eran difíciles de leer debido a una extensa capa de pintura verde que oscurecía las viejas letras manuscritas. Así que se llevaron al laboratorio. La idea era poder filtrarse a través de la capa de pintura utilizando micro-XRF y centrarse en los elementos químicos de la tinta de abajo, por ejemplo, hierro y calcio, con la esperanza de hacer que las letras fueran más legibles para los investigadores de la universidad. Pero el análisis XRF reveló que la capa de pigmento verde era arsénico. Este elemento químico es una de las sustancias más tóxicas del mundo y la exposición puede provocar diversos síntomas de intoxicación, el desarrollo de cáncer e incluso la muerte.

El arsénico (As) es un metaloide omnipresente y natural. En la naturaleza, el arsénico se combina habitualmente con otros elementos como el carbono y el hidrógeno. Esto se conoce como arsénico orgánico. El arsénico inorgánico, que puede aparecer tanto en forma metálica pura como en compuestos, es la variante más dañina. La toxicidad del arsénico no disminuye con el tiempo. Dependiendo del tipo y la duración de la exposición, puede producir varios síntomas de envenenamiento que incluyen irritación estomacal y de intestino, náuseas, diarrea, cambios en la piel e irritación de los pulmones.

Se cree que el pigmento verde que contiene arsénico que se encuentra en las cubiertas de los libros es verde parisino, triarsenita de acetato de cobre (II) o acetoarsenita de cobre (II) Cu (C₂H₃O₂)₂-3Cu(AsO₂)₂ Esto también se conoce como “verde esmeralda”, debido a sus llamativos tonos verdes, similares a los de la popular piedra preciosa.

El pigmento de arsénico – un polvo cristalino – es fácil de fabricar y se ha utilizado comúnmente para múltiples propósitos, especialmente en el siglo XIX. El tamaño de los granos de polvo influye en la tonificación del color, como se observa en pinturas al aceite y lacas. Los granos más grandes producen un verde más oscuro y los más pequeños un verde más claro. El pigmento es especialmente conocido por su intensidad de color y su resistencia a la decoloración.

La producción industrial del color verde en París se inició en Europa a principios del siglo XIX. Los pintores impresionistas y postimpresionistas utilizaron diferentes versiones del pigmento para crear sus vívidas obras maestras. Esto significa que muchas piezas de museo contienen hoy en día el veneno. En su apogeo, todo tipo de materiales, incluso las tapas de libros y la ropa, podían ser revestidos en verde parisino por razones estéticas. Por supuesto, el contacto continuo de la piel con la sustancia provocaría síntomas de exposición.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se tuvo conciencia de los efectos tóxicos de la sustancia, y esta variante del arsénico se dejó de utilizar como pigmento y se utilizó con mayor frecuencia como plaguicida en las tierras de cultivo. Otros pigmentos sustituyeron al “Verde París” en las pinturas y en la industria textil. A mediados del siglo XX, se eliminó su uso en las  tierras de cultivo.

En el caso de los libros, el pigmento no se utilizó con fines estéticos, formando un nivel inferior de la portada. Una explicación plausible para la aplicación -posiblemente en el siglo XIX- del “Verde París” en los libros antiguos podría ser la de protegerlos de los insectos y las alimañas.

Bajo ciertas circunstancias, los compuestos de arsénico, tales como arseniatos y arsenitos, pueden ser transformados por microorganismos en arsina (AsH₃) – un gas altamente venenoso con un olor distintivo a ajo. Es un hecho que los papeles pintados verdes elaborados con estas sustancias en la época victoriana llevaron a la muerte a muchos niños que los utilizaron para decorar sus habitaciones

Actualmente, por cuestiones de seguridad, la biblioteca almacena los tres volúmenes venenosos en cajas de cartón separadas con etiquetas de seguridad en un armario ventilado. También se planteó su digitalización para minimizar la manipulación física. Cualquiera no esperaría que un libro contuviera una sustancia venenosa. Pero podría suceder.


Jakob Povl Holck & Kaare Lund Rasmussen, This University Library Discovered Three of Its Books Were Poisonous. Well that’s awkward. The Conversation 1 Jul 2018. Ver  original

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Dan Brown realiza una donación para digitalizar textos antiguos.

El autor del código Da Vinci Dan Brown acaba de donar 300.000 euros a la Biblioteca Ritman para digitalizar  textos anteriores a 1900 sobre alquimia, astrología, magia y teosofía. Dan Brown donó el dinero a la biblioteca porque fue donde hizo una investigación exhaustiva mientras escribía sus novelas “El símbolo perdido” e “Infierno” y se dio cuenta de la necesidad que existía de dar a conocer estas obras al resto del mundo.

Entre las obras cabe destacar:  el Corpus Hermeticum (1472),  obra fuente de la sabiduría hermética ; el Spaccio de la bestia trionfante (1584) de Giordano Bruno; y la primera versión impresa del Arbol de la vida (1516): Una representación gráfica del Sefirot, las 10 virtudes de Dios según la Kabbalah. Un texto particularmente importante que se digitalizará es la primera traducción al inglés de las obras de Jakob Böhme, un místico alemán del siglo XVII.

Esther Ritman, directora de la biblioteca, afirma que “cuando muestro este libro en la biblioteca, es como viajar por un mundo nuevo. Una vez que el trabajo esté disponible en línea, podemos llevar a todos a lo largo del viaje de este libro digitalmente“.

Llevará algún tiempo digitalizar el catálogo, pero hay una guía de 44 páginas en acceso libre sobre la colección (AQUI), y un vídeo muy interesante sobre cómo los libros serán transportados, digitalizados y compartidos.

La formación de los jóvenes medievalistas.

Ad libros !
Libro en Acceso abierto

Cottier, J., Gravel, M., & Rossignol, S. (Eds.) 2010. Ad libros ! Mélanges d’études médiévales offerts à Denise Angers et Joseph-Claude Poulin. Montréal : Presses de l’Université de Montréal. doi :10.4000/books.pum.7448


Ad libros ! 

Este grito atribuido a Dom Guillaume de Raynald en el momento en que el fuego asoló la Grande Chartreuse durante el incendio de 1371 es a la vez un mandato y un impulso que cualquier medievalista puede asumir: el impulso del investigador hacia sus fuentes, el mandato del profesor hacia sus alumnos.

Estas dos palabras latinas explican la importancia que Denise Angers y Joseph-Claude Poulin dieron en su pedagogía a  la formación de los jóvenes medievalistas: cursos sobre fuentes, introducción a la paleografía, codicología o arqueología medieval. Los estudios incluidos en este libro rinden homenaje a su compromiso científico irreprochable, en un conjunto de contribuciones que abarca la totalidad de la Edad Media, desde el siglo VIII al XV -con progresión hasta la Nueva Francia- pero cuyo punto en común es la atención a las fuentes.

Aportaciones de Menéndez y Pelayo sobre el Libro de buen amor

Margarita Freixas. Menéndez y Pelayo y el Libro de buen amor. EN Quaderns de filologia. Estudis literaris, ISSN 1135-4178, Nº 22, 2017 (Ejemplar dedicado a: Revisión crítica de ediciones y traducciones de textos en el siglo XIX), p. 113-130. Texto completo PDF

La Biblioteca General Histórica es en la actualidad una biblioteca de investigación, que acoge cerca de 3.000 manuscritos de los siglos XI al XX, 433 ediciones incunables, con 477 ejemplares y alrededor de 60.000 obras impresas desde el siglo XVI hasta 1830.

Libro de buen amor Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Libro de buen amor

Entre los Manuscritos, podemos resaltar el ejemplar más completo de los tres que se conservan de El libro de buen amor de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. (Digitalizado en el Repositorio Institucional GREDOS)

En este artículo se analizan las aportaciones de Marcelino Menéndez y Pelayo sobre El Libro de buen amor en la Antología de poetas líricos castellanos (1892: LIII-CXIV). Este trabajo fue fundamental para la consagración de la obra de Juan Ruiz en el canon literario español. Menéndez y Pelayo reclamó una edición íntegra del texto conservado en los manuscritos conocidos, que superara la versión de Tomás Antonio Sánchez (1790), y apuntó una serie de problemas sobre el título, la fecha de composición y las fuentes, que más adelante constituyeron importantes líneas de investigación en los trabajos filológicos que se han dedicado a El Libro de buen amor

” Cuando escribió su Antología de poetas líricos, se conocía ya la existencia de los tres manuscritos fragmentarios del Libro de buen amor que aún hoy constituyen los testimonios conservados más extensos, pero no se disponía de una edición fiable de la obra (Vàrvaro, 2004: 151-152). El texto más completo publicado era el que en 1790 se había impreso al cuidado de Tomás Antonio Sánchez en el tomo IV de la Colección de poetas anteriores al siglo XV y que se reprodujo con apenas cambios por Janer (1864), que incluyó, sin embargo, todas las coplas omitidas por su predecesor”

El medievalista frente a sus fuentes

Le médiéviste devant ses sources

Carozzi, C., & Taviani-Carozzi, H. (Eds.) 2004. Le médiéviste devant ses sources : Questions et méthodes. Aix-en-Provence : Presses universitaires de Provence. doi :10.4000/books.pup.6518 (Lectura en línea)

Esta colección reúne dieciséis ponencias, realizadas en el seminario del equipo de investigación “Sociedades, ideologías y creencias en la Edad Media” en la Universidad de Provenza, en 2001 y 2002.

Cada uno de los investigadores universitarios que participaron tuvo la tarea de revisar un cierto número de fuentes que le eran familiares y reflexionar sobre los métodos utilizados en su análisis, su propósito y su contribución al conocimiento de la Edad Media Occidental. El objetivo no era establecer una tipología completa de las fuentes escritas, sino concebir una concepción del mundo compartida por sus autores.

Ordre du monde et temps du salut

El libro Blanco y el Libro de Dotaciones de la Catedral de Sevilla.

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En “Organizar, administrar, recordar. El libro blanco y el libro de dotaciones de la Catedral de Sevilla” , el investigador Diego Belmonte Fernández realiza un trabajo resumido de la siguiente forma:

“En el presente trabajo se aborda el estudio de dos códices diplomáticos conservados en el Archivo Catedral de Sevilla, conocidos hoy como Libro Blanco y Libro de Dotaciones. Partiendo del análisis de su materialidad y su contenido formal, se ha procedido a la contextualización histórica e institucional de los volúmenes. Se responde así a dos cuestiones clave en el estudio de esta clase de códices, cuál fue la causa que motivó su elaboración y qué pretendía conseguir la institución creando unos libros de similares características. Para poder aclarar estos puntos, se hacía necesaria la reconstrucción del entramado administrativo del entorno capitular en la época en que se produjeron estos manuscritos, comienzos del siglo XV. Fue este un momento destacado de la historia de la Iglesia en Sevilla al ser entonces cuando se tomó la decisión de construir una nueva catedral que sustituyera a la vieja mezquita aljama cristianizada. Ambos volúmenes, además, poseyeron lazos que los vinculaban a otras muchas piezas del repositorio hispalense. Se ha intentado, por tanto, desentrañar estos nexos realizando una panorámica general que permitiera situar en cada sección de la administración capitular, los vestigios escritos que hoy conservamos, analizando también el papel que jugaron en la época. Por último, se presenta una edición completa de cada uno de los dos volúmenes que conforman el eje central de nuestra investigación.”

Aengus Ward.

Dr. Aengus Ward. University of Birmingham (UK)

Profesor en el Departamento de Lenguas Modernas (Estudios Hispánicos) en la University of Birmingham desde 1994. Enseña literatura española medieval y lengua española y lingüística. Sus intereses de investigación se encuentran en los campos de la historia medieval española y la historiografía, la edición textual, la fonología diacrónica y la sintaxis.

Editor general de Estoria Digital y responsable de las decisiones editoriales. El proyecto de Estoria surge del interés por las crónicas ibéricas medievales y aventuras anteriores en el mundo de la edición textual. Coordinador de la Exposición  Alfonso el Sabio y la Estoria de España, en la que participó la Universidad de Salamanca con fondos de la Biblioteca Histórica. 

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Aengus Ward

MS. 2585. El ARREGLO TOLEDANO

El códice 2585 de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca (olim Real Biblioteca 1583) contiene el texto de una crónica del siglo quince, conocida por la crítica como el Arreglo toledano de la crónica de 1344. Entre todos los productos de la extensa tradición historiográfica peninsular, y entre todos los manuscritos de la Biblioteca General Histórica, el texto de ms.2585 ha sido considerado un ejemplar humilde y tardío de la cultura medieval. Pero por dos motivos en concreto es un magnífico ejemplo de la textualidad manuscrita. En primer lugar, el texto de la crónica demuestra cómo evolucionaba la historia escrita de España. El origen de nuestro texto se encuentra en la crónica más importante del medioevo peninsular – la Estoria de España de Alfonso el Sabio, compuesta ca. 1272–. De allí, el texto alfonsí fue llevado a Portugal, traducido al portugués y adaptado al contexto luso por el Conde de Barcelos, la Crónica de 1344. En un momento del siglo quince el texto fue re-traducido al castellano, y una versión de este texto –que ya se distancia en su contenido de su abuelo textual la Estoria de España– es el que se encuentra hoy en la BGH. El contenido del códice 2585 es, en teoría, la historia de España de Alfonso el Sabio y, en efecto, la narración que encontramos en el manuscrito corre desde los orígenes legendarios de España hasta el siglo trece. Pero aquí también encontramos toda una serie de adiciones y expansiones a la narración del Rey Sabio; la gran mayoría de ellas proceden de la épica. Es, por tanto, un ejemplo excelente de la paulatina ficcionalización de la historia, en la que el lector encontrará detalles legendarios sobre las figuras de la historia española. Buen ejemplo de ello es la narración del rey Rodrigo. Casi por primera vez en la historiografía medieval, el Arreglo toledano nos cuenta sin evitar detalles cómo la lujuria del rey le llevó a violar a la Cava, hija del conde Julián, lo que conduciría en su momento a la pérdida de España.

Pero al lado de ser buen ejemplo de la evolución de la historia escrita (y la ficción), el códice 2585 tiene otra curiosidad. La crónica se llama “toledana” por la constante adición de referencias a la ciudad de Toledo y su comunidad judía, lo que ha llevado la crítica a suponer que su composición fue obra de un converso judío de dicha ciudad en la segunda mitad del siglo quince. El códice salmantino está numerado con números árabes, y por ello y por cierta discontinuidad en la narración, sabemos que sufre algunas lagunas, una de las cuales, entre los folios 23 y 42, es bastante amplia. Si fuera un ejemplo único no sabríamos qué contenían los folios perdidos. Pero el manuscrito 7594 de la Biblioteca Nacional de España contiene el mismo texto. El cotejo de los dos manuscritos revela que las lagunas del manuscrito de Salamanca corresponden a referencias a la comunidad judía de Toledo. Es más, la gran laguna del principio del manuscrito es una descripción de esa comunidad y su comunicación con sus correligionistas de Jerusalén. Uno de los más notables detalles de esos pasajes es la afirmación de que la comunidad judía de Toledo había estado en la ciudad antes de Cristo, lo que le exime de toda responsabilidad en la muerte de Jesús. De su ausencia en el códice de Salamanca se deduce que los folios perdidos no faltan por azar, sino que en un momento dado fueron sustraídos del manuscrito por un lector que no podía aceptar los elogios de los judíos de Toledo.

El manuscrito 2585, a pesar de parecer un producto humilde de una historiografía ya en decadencia, nos muestra no solo cómo se escribía y re-escribía la historia medieval sino también cómo esa historia seguía teniendo relevancia en la época moderna, hasta el punto de que uno de sus lectores lo mutiló en lugar de dejar intacta una historia que no podía aceptar.

Detalles ya publicados en Aengus Ward, “El Arreglo toledano de la Crónica de 1344: Antiguas tradiciones y nuevos usos”, in Aengus Ward ed. Teoría y práctica de la historiografía hispánica medieval (Birmingham: Birmingham University Press, 2000),  p. 59-79.