El Arte de la iluminación

Resultado de imagen de Lessons in the Art of Illuminating

W. J. Loftie. Lessons in the Art of Illuminating : A Series of Examples selected from Works in the British Museum, Lambeth Palace Library, and the South Kensington MuseumLondon: BLACKIE & SON; Glasgow, Edinburgh, and Dublin

VER HTML —  DESCARGAR EPUBDESCARGAR KINDLE


Durante el siglo VIII surgió en el sur de Inglaterra una rivalidad con el arte irlandés y los seguidores de San Agustín de Canterbury fundaron un scriptorium que produjo un gran número de magníficos ejemplares. En menos de dos siglos se alcanzó un nivel muy alto, entre los que destaca el Salterio de Utrecht que, aunque es uno de los más antiguos manuscritos anglosajones conservados, está lleno de  figuras y letras mayúsculas iluminadas. El volumen pertenecía antes a Inglaterra, pero se perdió, y posteriormente apareció en Holanda.

En el siglo X, este arte había alcanzado tal grado de perfección que encontramos una carta del rey Edgar totalmente escrita en letras de oro. El duque de Devonshire posee un volumen escrito e iluminado para Ethelwold, obispo de Winchester de 963 a 984, por un “scriptor” llamado Godemann (después abad de Thorney), el primer artista inglés cuyo nombre conocemos, si exceptuamos a su contemporáneo más famoso, el arzobispo Dunstan, cuya habilidad en el trabajo de los metales es mejor recordada que sus poderes como iluminador.

El maravilloso  Libro de Kells, que se encuentra en la biblioteca del Trinity College de Dublín, el Libro de Durham, y otros más curiosos que hermosos, pertenecen quizás al siglo IX, como han sugerido varios investigadores.

 

Anuncios