Limpiar y desinfectar los libros.

La información sobre la vida útil del coronavirus es bastante diversa. Sin embargo, se considera que puede sobrevivir durante 5 días en superficies de cartón. Las librerías de París acaba de desenterrar una máquina cuya solicitud de patente fue presentada el 25 de julio de 1934 por Camille Reduron, un aparato para la desinfección automática de libros y objetos similares, el hombre recibió la medalla de la Oficina Nacional de Inventores…aunque no tuvo mucho éxito.

La lavadora de libros para la desinfección automática de libros u objetos similares | Universo Abierto

La llamada “lavadora de libros” es un aparato para la desinfección automática de libros, cuadernos u otros objetos similares que comprenden una serie de hojas encuadernadas, y dispuestos para llevar a cabo esta operación automáticamente y de manera muy completa, hoja por hoja., fue patentada en 1934 por los inventores franceses Jean Baptiste Faucher y Camille Reduron para limpiar y desinfectar los libros.

Aparentemente por fuera tiene la forma de un armario y por dentro parece un expositor de discos, ofrece la ventaja adicional de hacer posible la desinfección rápida y en serie de un número considerable de libros de cualquier tamaño de forma automática. Los libros se colocan en los estantes circulares giratorios mientras unos inyectores móviles expulsan chorros con vapor desinfectante. Un procedimiento pionero por el que, como aseguran sus creadores en la patente, “se realiza una desinfección completa, hoja por hoja. De manera notablemente segura. Simple, rápido y eficiente”. Cuando el dispositivo está en funcionamiento, los libros pasan lentamente delante de los chorros de aire y el conjunto se ajusta de tal manera que los chorros automáticamente los hojean, enviando así, entre todas las páginas de estos libros, el producto antiséptico cuyos vapores han arrastrado.

“La desinfección y esterilización de libros y documentos han sido meticulosamente estudiadas por el Sr. Reduron, que exhibe un interesante dispositivo de su construcción cerca de las librerías. Los libros, colocados en el interior, sobre plataformas giratorias, son hojeados y desinfectados por una hoja de gas bactericida formaldehído que actúa en circuito cerrado y no altera las obras tratadas”, leemos en el libro “Bibliothèques, organisation – technique – outillage“, publicado por Denoël con una introducción de Julien Cain, administrador general de la Biblioteca Nacional, publicado en 1938.

“Este dispositivo asegura la laminación y desinfección de las páginas por una hoja de gas formaldehído bactericida. La ventilación se realiza en un circuito cerrado sin alteración o distorsión de los volúmenes tratados”, explica el inventor en su descripción.

Si bien este artilugio no tuvo mucho éxito, puso sobre la mesa la necesidad de mantener los libros en las mejores condiciones, algo que antes no se tenía tan en cuenta. En un momento en el que la higiene y desinfección son más importantes que nunca, este simpático ingenio nos recuerda que debemos proteger también uno de nuestros mayores tesoros como humanidad, y que tanto nos están acompañando estos días, los libros.

Se garantizó entonces la higiene del libro, que desde entonces ha dado paso a soluciones con luz ultravioleta, cuando se trata de bacterias oculares. Un invento chino, 80 años después del del Sr. Reduron, nació en la biblioteca de Hangzhou.

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FUENTE: Universoabierto.org

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