Digitalización de la Biblioteca General de la Custodia de Tierra Santa

Escritos en hasta 18 lenguas orientales y europeas, los más de 1.000 volúmenes de la Biblioteca General de la Custodia de Tierra Santa están siendo digitalizados desde hace más de cuatro años por un grupo de expertos polacos para asegurar su preservación antes de que el uso y el paso del tiempo dificulte aún más esta labor.

Entre su fondo descubrimos por ejemplo, un antifonario iluminado en tres volúmenes, regalo del rey Enrique IV de Inglaterra en el siglo XV. Otras obras, más humildes en sus orígenes, son «igual de significativas; como el breviario y el misal de los primeros franciscanos hace 800 años, o los libros de oraciones que se usaban para el culto en los lugares del nacimiento, la muerte y la resurrección de Cristo» a lo largo de los últimos ocho siglos.

A fray Lionel Goh, director de la biblioteca, le cuesta elegir entre ellos como a un padre entre sus hijos. «Cada manuscrito es único en sí mismo», explica. Al ser copias hechas a mano, «nunca hay dos exactamente iguales». Y a unos les da más valor su contenido; a otros, su época; en algunos, su unicidad está en el origen, el uso o incluso el tipo de costura que los mantiene unidos. [VIDEO]

Este tesoro estará en breve a disposición de todos, gracias a la próxima finalización del proceso de digitalización y catalogación del contenido de esta institución de la Custodia, mucho menos célebre que los santuarios y basílicas de los santos lugares pero casi igual de rica en historia. La ingente labor la ha llevado a cabo un equipo de investigadores polacos, dentro del Programa de Archivos en Peligro. Esta iniciativa de la Biblioteca Británica, explica fray Goh, pretende «salvar las fuentes antiguas de todo el mundo, escritas o no escritas, antes de que las destruya el tiempo, el uso o la guerra». 

Tesoros ocultos, disponibles a un clic

Los manuscritos y obras digitalizadas, además, estarán de forma virtual a disposición del público; sobre todo de investigadores. El director de la Biblioteca General de la Custodia se muestra muy agradecido por que esta haya podido entrar en el programa, pues «la digitalización es una tarea que lleva mucho tiempo y requiere equipamiento especializado. Una entidad pequeña como la nuestra no se lo puede permitir».

Pero, más que en términos cuantitativos o económicos, fray Lionel valora que «este proyecto salva el patrimonio de la humanidad para el futuro, incluso si los originales dejaran de existir. Y poniéndolo a disposición pública, los tesoros de muchas pequeñas bibliotecas, escondidos durante siglos, salen a la luz. Bibliotecas hasta ahora inaccesibles quedan solo a un clic. Se comparte el conocimiento, y se crean puentes entre las culturas, los espacios y las épocas».

Patrimonio multicultural

Si de una biblioteca se puede decir que es y ha sido puente entre lugares y culturas, es de la de los franciscanos de Tierra Santa. En su ya casi completado catálogo figuran obras en 18 idiomas, algunas del siglo XII, tanto procedentes de Europa (las más antiguas) como escritas por los propios frailes de la Custodia. Su director se muestra impresionado por «lo multiculturales que fueron los siglos pasados, a pesar de las tensiones en la región».

La mayoría de los manuscritos más antiguos son litúrgicos: misales, breviarios, antifonarios usados por los franciscanos en los santos lugares. Al ser necesarios para la vida diaria, seguramente eran los que se ponían los primeros a salvo. Biblias en diversos idiomas, libros de espiritualidad, sobre todo de sermones y enseñanzas de los Padres de la Iglesia; vidas de santos; obras teológicas y filosóficas de santo Tomás o san Buenaventura… Pero también hay libros de medicina que los frailes estudiaban y aplicaban en su atención a los enfermos. Gramáticas, itinerarios de viajes o diarios completan el catálogo.

Por ejemplo, hay un manuscrito de la encíclica Acerbo nimis (publicada por Pío X en 1905) traducida del latín al turco …pero con caracteres armenios. Esto muestra cómo se cruzaban las culturas y la facilidad con la que en una se usaba el alfabeto de la otra. Los manuscritos de los melquitas, maronitas, siriacos y armenios también atestiguan la relación entre estas iglesias. Todas estas culturas, religiones y confesiones se encuentran en una tierra que todos llaman Santa.

Salvados de guerras e incendios

Hasta hace unos años, los manuscritos y libros antiguos pertenecientes a la Custodia estaban dispersos por los distintos conventos franciscanos de Tierra Santa. La Biblioteca General se inauguró en 2013 por decisión del entonces custodio, Pierbattista Pizzaballa (ahora administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén). Le movía el deseo de proteger, catalogar y poner a disposición de los investigadores todo el patrimonio bibliográfico de la Custodia. A día de hoy, siguen llegando piezas de conventos franciscanos de la región.

Y, con todo, estas mil obras son solo una parte de lo que había originalmente. Probablemente muchas más se perdieron por la accidentada historia de Tierra Santa. No solo a causa de las guerras –matiza fray Goh–, sino también de los relativamente frecuentes terremotos, «que hacían volcar lámparas de aceite y daban lugar a incendios. Lo que se ha preservado ha sido gracias a diligencia de los frailes».


FUENTE: CUSTODIA TIERRA SANTA

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